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Domingo 26 marzo 2017, IV Domingo de Cuaresma, ciclo A.

viernes, 24 de marzo de 2017

Viernes 28 abril 2017, Viernes de la II semana de Pascua, feria, o san Pedro Chanel, presbítero y mártir, memoria libre, o san Luis Grignion de Montfort, presbítero, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (25 ENERO 1983)
LIBRO IV

TÍTULO II. DE LOS TIEMPOS SAGRADOS (Cann. 1244 – 1253)

1244
§ 1. Corresponde exclusivamente a la autoridad suprema de la Iglesia establecer, trasladar o suprimir los días de fiestas y los días de penitencia comunes para toda la Iglesia, sin perjuicio de lo establecido en el c. 1246 § 2.

§ 2. Los Obispos diocesanos pueden señalar especiales días de fiesta o de penitencia para sus diócesis o lugares, pero sólo a modo de acto.

1245 Quedando a salvo el derecho de los Obispos diocesanos contenido en el c. 87, con causa justa y según las prescripciones del Obispo diocesano, el párroco puede conceder, en casos particulares, dispensa de la obligación de guardar un día de fiesta o de penitencia, o conmutarla por otras obras piadosas; y lo mismo puede hacer el Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica, si son clericales de derecho pontificio, respecto a sus propios súbditos y a otros que viven día y noche en la casa.

CAPÍTULO I. DE LOS DÍAS DE FIESTA

1246
§ 1. El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto. Igualmente deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos.

§ 2. Sin embargo, la Conferencia Episcopal, previa aprobación de la Sede Apostólica, puede suprimir o trasladar a domingo algunas de las fiestas de precepto.

1247 El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa; y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo.

1248 § 1. Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde.

§ 2. Cuando falta el ministro sagrado u otra causa grave hace imposible la participación en la celebración eucarística, se recomienda vivamente que los fieles participen en la liturgia de la Palabra, si ésta se celebra en la iglesia parroquial o en otro lugar sagrado conforme a lo prescrito por el Obispo diocesano, o permanezcan en oración durante el tiempo debido personalmente, en familia, o, si es oportuno, en grupos familiares.

CALENDARIO

28 VIERNES DE LA II SEMANA DE PASCUA, feria o SAN PEDRO CHANEL, presbítero y mártir, memoria libre o SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT, presbítero, memoria libre

Misa
de feria o de la memoria san Luis María G. (blanco) o de la memoria de san Pedro Ch. (rojo).
MISAL: para la feria ants. y oracs. props. / para la memoria de san Pedro Ch.: 1ª orac. prop. y el resto del común de mártires (para un mártir en TP) o de pastores (para misioneros), o de la feria / para la memoria de san Luis Ma. G.: 1ª orac. prop. y el resto del común de pastores (para un pastor) o de la feria; Pf. Pasc. o de la memoria.
LECC.: vol. II.
- Hch 5, 34-42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.
- Sal 26. R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
- Jn 6, 1-15. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.
o bien: cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de una de las memorias.

Martirologio: elogs. del 29 de abril, pág. 281.
CALENDARIOS: Tarazona: San Prudencio, obispo (S). Vitoria: (F). Bilbao, Calahorra y La Calzada-Logroño, Osma-Soria y San Sebastián: (MO).
Monfortianos: San Luis María Griñón de Monfort (S). Heraldos del Evangelio: (MO).
Pasionistas: Las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo (MO).
PP. Maristas: San Pedro Chanel (F). HH. Maristas: (MO).
TOR y OFM: Beato Luquesio (MO).
Segorbe-Castellón: San Cirino, mártir (ML).
Lleida: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Juan Piris Frígola, obispo, emérito (2001).
Sevilla: Aniversario de la ordenación episcopal del cardenal Carlos Amigo Vallejo, arzobispo, emérito (1974).

TEXTOS MISA

Viernes de la II Semana de Pascua. Feria sexta. Hebdomada II Paschae.
Antífona de entrada Ap 5, 9-10
Señor, con tu sangre has adquirido para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Aleluya.
Antiphona ad introitum Ap 5, 9-10
Redemísti nos, Dómine, in sánguine tuo, ex omni tribu, et lingua, et pópulo, et natióne, et fecísti nos Deo nostro regnum et sacerdótes, allelúia.
Oración colecta
Oh, Dios, esperanza y luz de las almas sinceras, te pedimos humildemente que concedas a nuestros corazones realizar una plegaria digna de ti y que siempre te glorifiquemos con la ofrenda de nuestras alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, spes et lumen sincérum méntium, da córdibus nostris, te súpplices deprecámur, et dignam tibi oratiónem persólvere, et te semper praeconiórum múnere collaudáre. Per Dóminum.

En la memoria de san Pedro Chanel: oración colecta propia y resto de la feria de Pascua.

Elogio del martirologio
San Pedro Chanel, presbítero de la Sociedad de María y mártir, que dedicó su ministerio a atender a campesinos y niños, pero enviado después con algunos compañeros a evangelizar la Oceanía occidental, llegó a la isla francesa de Futuna, donde no había aún comunidad cristiana, y a pesar de las muchas dificultades que encontró, con su singular mansedumbre convirtió a algunos a la fe, entre los cuales estaba el hijo del rey del lugar, el cual, furioso, lo mandó matar, convirtiéndole en el primer mártir de Oceanía. (1716)

28 de abril
San Pedro Chanel, presbítero y mártir
Die 28 aprilis
S. Petri Chanel, presbyteri et martyris
Oración colecta

Oh, Dios, que coronaste con el martirio a san Pedro Chanel para la extensión de tu Iglesia,
concédenos, en medio de las alegrías pascuales, celebrar de tal modo los misterios de Cristo, muerto y resucitado, que merezcamos ser testigos de la vida nueva. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui ad dilatándam Ecclésiam tuam beátum Petrum martyrio coronásti, da nobis, in his paschálibus gáudiis, ita Christi mórtui et resurgéntis mystéria frequentáre, ut novitátis vitae testes esse mereámur. Per Dóminum.

En la memoria de san Luis Grignion de Montfort, oracón colecta propia, resto de la feria de Pascua.

Elogio del martirologio
San Luis María Grignon de Montfort, presbítero, que evangelizó las regiones occidentales de Francia, anunciando el misterio de la Sabiduría Eterna, y fundó dos congregaciones. Predicó y escribió acerca de la Cruz de Cristo y de la verdadera devoción hacia la Santísima Virgen, y, después de convertir a muchos, descansó de su peregrinación terrena en la aldea francesa de Saint-Laurent-sur-Sèvre. (1841)

28 de abril
San Luis María Grignion de Monfort, presbítero.
Die 28 aprilis
S. Ludovici Mariæ Grignion de Montfort, presbyteri
Oración colecta
Oh, Dios, que has querido guiar los pasos del presbítero san Luis María Grignion de Montfort, acompañado de la Virgen bienaventurada, por el camino de la salvación y del amor a Cristo, concédenos que, a ejemplo suyo,
trabajemos incansables en la edificación de tu Iglesia meditando los misterios de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de san Luis María Grignion de Montfort, presbítero, un destacado testigo y maestro de la plena entrega a Cristo, tu Hijo, de la mano de su santa Madre, haz que nosotros, siguiendo este camino espiritual, contribuyamos siempre a la extensión de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui gressus beáti Ludovíci Maríae, presbyteri, in viam salútis et dilectiónis Christi, beáta Vírgine comitánte, dirígere voluísti, da ut, eius exémplo, tui amóris mystéria meditántes Ecclésiam tuam aedificáre indefésse studeámus. Per Dóminum.
Vel:
Omnípotens aetérne Deus, qui sanctum Ludovícum Maríam presbyterum plenae Christo Fílio tuo deditiónis per eius beátae Matris manus exímium testem et magístrum effecísti, concéde nobis, ut, eándem spiritálem viam sectántes, regnum tuum iúgiter exténdere valeámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la II semana de Pascua (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Hch 5, 34-42
Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín,
mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:
«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada. Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y se disgregaron todos sus secuaces.
En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».
Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 26, 1bcde. 4. 13-14 (R.: cf. 4ac)
R.
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa. Unum pétii a Dómino: ut inhábitem in domo Dómini.

V. El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa. Unum pétii a Dómino: ut inhábitem in domo Dómini.

V. Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa. Unum pétii a Dómino: ut inhábitem in domo Dómini.

V. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa. Unum pétii a Dómino: ut inhábitem in domo Dómini.

Aleluya Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

EVANGELIO Jn 6, 1-15
Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Beato Pablo VI, Discurso a los participantes en la Conferencia mundial de la Alimentación, 9-XI-74.
Después de haber alimentado con liberalidad a la muchedumbre, el Señor recomienda a sus discípulos recoger lo que ha sobrado para que nada se pierda (cfr Jn 6, 12). ¡Qué hermosa lección de economía, en el sentido más noble y más pleno de la palabra, para nuestra época dominada por el derroche! Lleva consigo además la condena de toda una concepción de la sociedad en la que hasta el mismo consumo tiende a convertirse en su propio bien, despreciando a los que se ven necesitados y en detrimento, en definitiva, de los que creen ser sus beneficiarios, incapaces ya de percibir que el hombre está llamado a un destino más alto.

Oración de los fieles
176. Hermanos, oremos con fe. Oremos al Padre, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y nos ha resucitado a nosotros juntamente con él.
- Por la Iglesia: para que, con su alegría, de testimonio perseverante de la resurrección de Jesucristo. Roguemos al Señor.
- Por todos los hombres que se esfuerzan con el estudio o el trabajo en hacer progresar el mundo y acrecentar los bienes de la creación. Roguemos al Señor.
- Por los que en medio de sus pruebas se sienten abatidos: para que descubran la fuerza de Cristo viviente y vean iluminado su camino. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que nuestra vida sea coherente con nuestra fe y nuestra esperanza. Roguemos al Señor.
Señor, encamina hacia ti el corazón de tus hijos, para que cuantos han sido librados de las tinieblas de la infidelidad, no se aparten jamás de tu luz. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acoge, Señor, con bondad las ofrendas de tu familia, para que, bajo tu protección, no pierda los dones ya recibidos y alcance los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Oblatiónes famíliae tuae, quaesumus, Dómine, súscipe miserátus, ut, sub tuae protectiónis auxílio, et colláta non perdant, et ad aetérna dona pervéniant. Per Christum.
PREFACIO PASCUAL II
La nueva vida en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, y se abren a los fieles las puertas del reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su gloriosa resurrección hemos resucitado todos.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO PASCHALIS II
De vita nova in Christo
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus. Per quem in aetérnam vitam fílii lucis oriúntur, et regni caeléstis átria fidélibus reserántur.
Quia mors nostra est eius morte redémpta, et in eius resurrectióne vita ómnium resurréxit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Cf. Rom 4, 25
Cristo nuestro Señor fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.
Antiphona ad communionem Rm 4, 25
Tráditus est Christus Dóminus noster propter delícta nostra, et resurréxit propter iustificatiónem nostram, allelúia.
Oración después de la comunión
Guarda, Señor, con tu amor constante
a los que has salvado, para que los redimidos por la pasión de tu Hijo
se alegren con su resurrección. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Contínua, quaesumus, Dómine, quos salvásti pietáte custódi, ut, qui Fílii tui passióne sunt redémpti, eius resurrectióne laeténtur. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 29 de abril
M
emoria de santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, que habiendo entrado en las Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo, deseosa de conocer a Dios en sí misma y a sí misma en Dios, se esforzó en asemejarse a Cristo crucificado y trabajó también enérgica e incansablemente por la paz, para que el Romano Pontífice regresara a la Urbe y por la unidad de la Iglesia, dejando espléndidos documentos llenos de doctrina espiritual (1380).
2. Conmemoración de san Tíquico, discípulo del apóstol san Pablo, al que, en sus epístolas, llama hermano carísimo, ministro fiel y consiervo en el Señor (s.I).
3. En Pisa, de la Toscana, san Torpetes, mártir (s. inc.).
4. En Nápoles, de la Campania, san Severo, obispo, al que san Ambrosio amó como a un hermano y su Iglesia como a un padre (c. 409).
5. En el monasterio de Cluny, en Borgoña (hoy Francia), san Hugo, abad, que gobernó santamente su cenobio durante sesenta y un años, mostrándose entregado a las limosnas y a la oración, mantenedor y promotor de la disciplina monástica, atento a las necesidades de la Iglesia y eximio propagador de la misma (1109).
6*. En el monasterio de Lucerna, en Normandía, san Acardo, obispo de Avranches, que, siendo abad de San Víctor de París, escribió varios tratados de vida espiritual para conducir el alma cristiana a la perfección, falleciendo y siendo enterrado en esa abadía de la Orden Premonstratense, que visitaba a menudo (1172).
7. En Seúl, en Corea, san Antonio Kim Song-u, mártir, que acostumbraba a reunir en su casa a varios fieles hasta que, encerrado en prisión, fue estrangulado (1841).

Ritual de Enfermos: Salmos responsoriales.

Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos (6ª ed. española 1996)

CAPÍTULO IX. LECCIONARIO PARA EL RITUAL DE ENFERMOS

SALMOS RESPONSORIALES

I.
290. Is 38, 10.11. 12 abcd. 16 (R.: 17b)
R. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba va­cía.
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del Abismo;
me privan del resto de mis años.» R.
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.» R.
«Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.» R.
Los que Dios protege, viven
y entre ellos vivirá mi espíritu:
me has curado, me has hecho revivir. R.

II.
291. Sal 6, 2-4a. 4b-6. 9-10 (R.: 3a)
R. Misericordia, Señor, que desfallezco
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco,
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio. R.
Y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame, por tu misericordia:
porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el Abismo, ¿quién te alabará? R.
Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración. R.

III
292. Sal 24, 4bc-5ab. 6 y 7bc. 8-9. 10 y 14. 15-16 (R.: 1b)
R. A tí, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas;
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad,
para los que guardan su alianza y sus man­datos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza. R.
Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él saca mis pies de la red.
Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí,
que estoy solo y afligido. R.

IV.
293. Sal 26, 1.4. 5. 7-8a. 8b-9ab. 9cd-10 (R.: 14)
R. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.
El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R.
Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo. R.
Que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá. R.

V.
294. Sal 33, 2-3, 4-5. 6-7. 10-11. 12-13. 17 y 19 (R.: 19a; o bien: 9a)
R. El Señor está cerca de los atribulados.
O bien: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada. R.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.
Pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R.

VI.
295. Sal 41, 3. 5; Sal 42, 3. 4 (R.: Sal 41,2)
R. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
como marchaba a la cabeza del grupo
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.

VII.
296. Sal 62, 2-3. 4-6. 7-9 (R.: 2b)
R. Mi alma está sedienta de ti, Dios mío.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria! R.
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y dé manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti
y tu diestra me sostiene. R.

VIII.
297. Sal 70,1-2. 5-6ab. 8 -9 .14-15ab (R.: 12b; o bien: 23)
R. Dios mío, ven aprisa a socorrerme.
O bien: Te aclamarán mis labios, Señor,
mi alma, que tú redimiste.
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R.
Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno, tú me sostenías. R.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas,
no me abandones. R.
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación. R.

IX.
298. Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6. 11. 12-13. 15-16ab (R.: 1a; o bien: 15a y 16a)
R. Inclina tu oído, Señor, escúchame.
O bien: Dios clemente y misericordioso, mírame y ten compasión de mí.
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo,
salva a tu siervo, que confía en ti. R.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti. R.
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R.
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad,
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre. R.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío,
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del Abismo profundo. R.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí,
da fuerza a tu siervo. R.

X.
299. Sal 89, 2. 3-4. 5-6. 9-10ab. 10cd y 12. 14 y 16 (R.: 1)
R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Antes que naciesen los montes,
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una velada nocturna. R.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R.
Y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta. R.
La mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
Enséñame a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato. R.
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria. R.

XI.
300. Sal 101, 2-3. 24-25. 26-28. 19-21 (R.: 2)
R. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti.
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti:
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí,
cuando te invoco, escúchame en seguida. R.
El agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: «Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis días.»
Tus años duran por todas las generaciones. R.
Al principio cimentaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos;
ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el mismo,
tus años no se acabarán. R.
Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su escelso san­tuario.
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos,
y librar a los condenados a muerte. R.

XII.
301. Sal 102, 1-2. 3-4. 11-12. 13-14. 15-16. 17-18 (R.: 1a, o bien: 8)
R. Bendice, alma mía, al Señor.
O bien: El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
El perdona todas tus culpas,
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla. R.
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos. R.

XIII.
302. Sal 122, 1-2a. 2bcd (R.:2)
R. Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
A ti levanto mis ojos,
a ti, que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R.
Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R.


XIV.
303. Sal 142, 1-2. 5-6. 10 (R.: 1a, o bien: 11a)
R. Señor, escucha mi oración.
O bien: Por tu nombre, Señor, consérvame vivo.
Señor, escucha mi oración,
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames ajuicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo
es inocente frente a ti. R.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos,
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca. R.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana. R.

jueves, 23 de marzo de 2017

Jueves 27 abril 2017, Jueves de la II semana de Pascua, feria,

SOBRE LITURGIA

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (25 ENERO 1983)
LIBRO IV

CAPÍTULO V. DE LOS CEMENTERIOS


1240
§ 1. Donde sea posible, la Iglesia debe tener cementerios propios, o al menos un espacio en los cementerios civiles bendecido debidamente, destinado a la sepultura de los fieles.

§ 2. Si esto no es posible, ha de bendecirse individualmente cada sepultura.

1241 § 1. Las parroquias y los institutos religiosos pueden tener cementerio propio.

§ 2. También otras personas jurídicas o familias pueden tener su propio cementerio o panteón, que se bendecirá a juicio del Ordinario del lugar.

1242 No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los Cardenales o a los Obispos diocesanos, incluso «eméritos».

1243 Deben establecerse por el derecho particular las normas oportunas sobre el funcionamiento de los cementerios, especialmente para proteger y resaltar su carácter sagrado.

CALENDARIO

27 JUEVES DE LA II SEMANA DE PASCUA, feria


Misa
de feria (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Pasc.
LECC.: vol. II.
- Hch 5, 27-33. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.
- Sal 33. R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
- Jn 3, 31-36. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.
Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 28 de abril, pág. 279.
CALENDARIOS: Cataluña: Nuestra Señora de Montserrat (S).
León: Santo Toribio de Mogrovejo, obispo (F). Valladolid: (MO). Santander: (ML).
Orihuela-Alicante, Alicante y arciprestazgo de Mutxamel: La Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo (F). Orihuela-Alicante, diócesis: (MO).
Burgos: San Rafael Arnáiz, religioso (MO). Oviedo, Palencia, O. Cist. y OCSO: (ML).
Hijas de Jesús: Beata María Antonia Bandrés Elósegui, religiosa (MO). San Sebastián: (ML).
Jesuitas: San Pedro Canisio, presbítero y doctor de la Iglesia (MO).
Mercedarios: San Pedro Armengol, religioso y mártir (MO).
Astorga: San Valerio, monje (ML).
Barbastro-Monzón: Beatos Domingo y Gregorio, presbíteros (ML).
Bilbao, Calahorra y La Calzada-Logroño y San Sebastián: San Pedro Chanel, presbítero y mártir, o san Luis María Griñón, presbítero (ML-trasladada).
Canónigos Regulares de Letrán: Beato Achardi, obispo (ML).
Dominicos: Beata Hosanna de Kotor, virgen (ML).
Heraldos del Evangelio: San Pedro Chanel, presbítero y mártir (ML).
HH. de las Escuelas Cristianas: Beato Nicolás Roland, presbítero (ML).

TEXTOS MISA

Jueves de la II Semana de Pascua. Feria quinta. Hebdomada II Paschae.
Antífona de entrada Cf. Sal 67, 8-9.
Oh, Dios, cuando salías al frente de tu pueblo, guiándolos y acampando con ellos, la tierra tembló, el cielo destiló. Aleluya.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 67, 8-9.
Deus, dum egrederéris coram pópulo tuo, iter fáciens eis, hábitans in illis, terra mota est, caeli distillavérunt, allelúia.
Oración colecta
Oh, Dios, que estableciste el sacrificio pascual para la salvación del mundo, sé propicio a las súplicas de tu pueblo, para que Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote que intercede en favor nuestro, nos reconcilie por aquello que le asemeja a nosotros y nos absuelva en virtud de su igualdad contigo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui pro salúte mundi sacrifícium paschále effecísti, propitiáre supplicatiónibus pópuli tui, ut interpéllans pro nobis Christus Póntifex noster, nos per id quod nostri est símilis reconcíliet, per id quod tibi est aequális absólvat. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la II semana de Pascua (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Hch 5, 27-33
Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 33, 2 y 9. 17-18. 19-20 (R.: 7ab)
R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.
O bien: Aleluya.

V. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

V. El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

V. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

Aleluya Jn 20, 29
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Porque me has visto, Tomás, has creído, -dice el Señor-; bienaventurados los que crean sin haber visto. R. Quia vidísti me, Thoma, credidísti, dicit Dóminus: beáti qui non vidérunt et credidérunt.

EVANGELIO Jn 3, 31-36
El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Homilía 23 de abril de 2009
Nos dice el Evangelio de Juan: "El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo, no verá la vida" (Jn 3, 36). Así, pues, la Palabra de Dios nos habla de una obediencia que no es simple sujeción, ni un simple cumplimiento de mandatos, sino que nace de una íntima comunión con Dios y consiste en una mirada interior que sabe discernir aquello que "viene de lo alto" y "está por encima de todo". Es fruto del Espíritu Santo que Dios concede "sin medida".

Oración de los fieles
175. Presentemos, hermanos, la oración a Dios, Padre de todos, siempre atento a nuestras necesidades.
- Por la Iglesia: para que todas sus tensiones se resuelvan con espíritu fraterno y se consolide la unidad, fruto de la caridad sincera. Roguemos al Señor.
- Por los responsables de nuestras Iglesias: Para que sepan escuchar y ser servidores de la comunidad. Roguemos al Señor.
- Por los que ejercen funciones de gobierno en el mundo: para que siempre busquen la paz y el bien de todos. Roguemos al Señor.
- Por los pobres: para que sean ayudados en sus luchas, disfruten de los bienes de la vida y lleguen a ser verdaderos pobres de corazón. Roguemos al Señor.
- Por los ricos: para que la gracia del Señor los toque el corazón, sepan acoger los bienes como recibidos de Dios y abran su corazón a las necesidades de los demás; que ellos también consigan la verdadera pobreza de corazón. Roguemos al Señor.
Te pedimos, Dios de bondad, que estés siempre a nuestro lado y que la luz de tu Hijo Jesús abra caminos de paz y de bien en medio de los hombres. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Suban hasta ti, Señor, nuestras súplicas con la ofrenda del sacrificio, para que, purificados por tu bondad, nos preparemos para el sacramento de tu inmenso amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Ascéndant ad te, Dómine, preces nostrae cum oblatiónibus hostiárum, ut, tua dignatióne mundáti, sacraméntis magnae pietátis aptémur. Per Christum.
PREFACIO PASCUAL II
La nueva vida en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, y se abren a los fieles las puertas del reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su gloriosa resurrección hemos resucitado todos.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO PASCHALIS II
De vita nova in Christo
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus. Per quem in aetérnam vitam fílii lucis oriúntur, et regni caeléstis átria fidélibus reserántur.
Quia mors nostra est eius morte redémpta, et in eius resurrectióne vita ómnium resurréxit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de comunión Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Aleluya.
Antiphona ad communionem Mt 28, 20
Ecce ego vobíscum sum ómnibus diébus, usque ad consummatiónem saeculi, allelúia.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has renovado para la vida eterna, multiplica en nosotros los frutos del Misterio pascual e infunde en nuestros corazones la fortaleza del alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Omnípotens sempitérne Deus, qui ad aetérnam vitam in Christi resurrectióne nos réparas, fructus in nobis paschális multíplica sacraménti, et fortitúdinem cibi salutáris nostris infúnde pectóribus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 28 de abril
S
an Pedro Chanel
, presbítero de la Sociedad de María y mártir, que dedicó su ministerio a atender a campesinos y niños, pero enviado después con algunos compañeros a evangelizar la Oceanía occidental, llegó a la isla de Futuna, donde no había aún cristianos y, a pesar de las muchas dificultades que encontró, con su singular mansedumbre convirtió a algunos, entre los cuales estaba el hijo del rey del lugar, que, furioso, lo mandó matar, siendo el primer mártir de Oceanía (1716).
San Luis María Grignon de Montfort, presbítero, que evangelizó las regiones occidentales de Francia anunciando el misterio de la Sabiduría Eterna y fundó dos congregaciones. Predicó y escribió acerca de la Cruz de Cristo y de la verdadera devoción hacia la Santísima Virgen, y después de convertir a muchos, descansó de su peregrinación terrena en la aldea de Saint-Laurent-sur-Sèvre (1841).
3. En Béziers, de la Galia Narbonense, san Afrodisio, considerado como el primer obispo de esta sede (s. inc.).
4. En Nicomedia, santos Eusebio, Catalampo y compañeros, mártires (s. inc.).
5. En Ravena, en la provincia de Flaminia, en Italia, conmemoración de san Vital. En este día, según la tradición, fue dedicada a Dios la celebérrima basílica de esa ciudad, en la que este santo es venerado desde tiempo inmemorial junto a los santos mártires Valeria, Gervasio, Protasio y Ursicino, por haber defendido tenazmente la fe (s. inc.).
6. En Cirta, de Numidia, san Agapio, obispo y mártir (c. 259).
7. En Doróstoro, en Mesia (hoy Rumanía), santos Máximo, Dadas y Quintiliano, mártires en la persecución desencadenada por el emperador Diocleciano (s. IV in.).
8. En Tarazona, en la Hispania Tarraconense, san Prudencio, obispo (861).
9. En Sulmona, del Abruzo, sepultura de san Pánfilo, obispo de Corfinio (c. 700).
10*. En Pongibonsi, en la Toscana, beato Luquesio, el cual, siendo mercader, al convertirse vistió el hábito de la Tercera Orden de Penitentes de San Francisco, vendió todos sus bienes y los repartió entre los pobres, sirviendo a Dios y al prójimo con espíritu evangélico, humildad y pobreza (1260).
11*. En la aldea de Saint-Laurent-sur-Sèvre, en Francia, beata María Luisa de Jesús Trichet, que vistió el hábito religioso como primer miembro de la Congregación de las Hijas de la Sabiduría, la cual dirigió con suma prudencia (1759).
12. En la ciudad de Ninh-Binh, en Tonquín, santos mártires Pablo Pham Khac Khoan, presbítero, Juan Bautista Dinh Van Thanh y Pedro Nguyen Van Hieu, catequistas, que, después de pasar tres años encarcelados y torturados para que renegasen la fe cristiana, finalmente, bajo el emperador Minh Mang, fueron degollados, consumando así su martirio (1840).
13*. En el campo de concentración de Mauthausen, en Austria, beato José Cebula, presbítero de la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada y mártir, el cual, siendo de nacionalidad polaca, fue encarcelado por odio a la fe y sometido a crueles tormentos hasta la muerte (1941).
14*. En Magenta, cerca de Milán, en Italia, beata Juana Molla, madre de familia, que, esperando un hijo, no dudó anteponer con amor la vida de la criatura a la suya propia (1962).

Ritual de Enfermos: Lecturas del Nuevo Testamento.

Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos (6ª ed. española 1996)

CAPÍTULO IX. LECCIONARIO PARA EL RITUAL DE ENFERMOS

LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

I. En nombre de Jesús, echa a andar

269. Dios responde, por medio de Pedro y Juan, a la petición del tullido, y responde curándole y yendo así más allá de la misma petición, que es la de una mera limosna (v. 3). No es tan importante lo que se pide cuanto el hecho mismo de pedir. Orar a Dios es fundamentalmente exponer nuestra indigencia, darle cuenta y damos cuenta de nuestra limitación.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 3, 1-10

En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de media tarde, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la Puerta Hermosa del templo para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo:
—Míranos.
Clavó los ojos en ellos esperando que le darían algo;
Pedro le dijo:
—No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.
Agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. La gente lo vio andar alabando a Dios; al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sen­tado en la Puerta Hermosa, quedaron estupefactos ante lo sucedido.

Palabra de Dios.


II. La fe en quien Dios resucitó le ha restituido completamente la salud

270. Pedro explica en su discurso las razones últimas de la curación que acaba de realizar con el tullido. Toda acción cura­tiva y salvadora es en primer lugar una mediación del poder sana­dor de Dios (vv. 12-13), y en segundo lugar un reflejo y anticipo de la salvación plena y verdadera que tenemos en Jesús por la fe (v. 16).

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 3, 11-16

En aquellos días, mientras el paralítico curado se­guía aún con Pedro y Juan, la gente, asombrada, acudió corriendo al Pórtico de Salomón donde ellos esta­ban. Pedro, al ver a la gente, les dirigió la palabra:
—Israelitas, ¿qué os llama la atención?, ¿de qué os admiráis?, ¿por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a éste con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida; pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos tes­tigos. Como éste que veis aquí y que conocéis ha creído en su nombre, su nombre le ha dado vigor; su fe le ha restituido completamente la salud, a vista de todos vo­sotros.

Palabra de Dios.


III. No se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos

271. Todos sentimos desde nuestra indigencia y desde nuestro dolor la necesidad de salvación. Ante esa necesidad apremiante surgen en nuestra vida diversos salvadores que ocupan nuestra esperanza. Pedro nos repite que sólo en Cristo está la verdadera sal­vación (v. 12). Sólo él ha vencido de verdad la muerte.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 8-12

En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo:
—Jefes del pueblo y senadores, escuchadme; porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre. Pues quede bien claro, a vosotros y a todo Is­rael, que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, éste se presenta sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los ar­quitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos hadado otro nombre que pueda salvarnos.

Palabra de Dios.


IV. Aquel a quien Dios resucitó, no ha conocido la corrupción

272. La religión judía era una religión fundada en la promesa (vv. 32, 34). La cristiana, a pesar de reconocer cumplidas en Cristo aquellas promesas, no pierde por ello su carácter funda­mental de esperanza: el cristiano cree y espera, contra toda espe­ranza, que también en él se realizará la plena salvación del dolor y de la muerte realizada en Cristo.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 32-39

En aquellos días, Pablo dijo:
—Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
«Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy».
Su resurrección para no volver a morir la anunció diciendo:
«Os cumpliré la promesa que aseguré a David»; y así dice en otro lugar:
«No dejarás a tu fiel conocer la corrupción».
David murió después de haber cumplido la misión que Dios le dio para su época; se juntó con sus padres y conoció la corrupción. Pero aquél a quien Dios resu­citó no ha conocido la corrupción. Sabedlo, herma­nos: os anunciamos que por él se os perdonan los pe­cados, que él justificará, al que crea, de lo que no pudo justificarlo la ley de Moisés.

Palabra de Dios.


V. El compartir sus sufrimientos es señal de que compartiremos su gloria

273. El Espíritu de Dios es energía interior que continúa en nosotros la obra de Cristo y nos va configurando con él. Ese Espíritu nos impulsa a ver en Dios a nuestro Padre (w. 14-16) y nos lleva a padecer como Cristo para así ser como él glorificados (v. 17).

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios,
ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido no un espíritu de esclavitud,
para recaer en el temor,
sino un espíritu de hijos adoptivos,
que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde:
que somos hijos de Dios;
y si somos hijos, también herederos,
herederos de Dios y coherederos con Cristo;
pues el compartir sus sufrimientos
es señal de que compartiremos su gloria.

Palabra de Dios.


VI. Aguardando la redención de nuestro cuerpo

274. Los dolores de parto son punto de partida de una vida nueva, están henchidos de esperanza y convergen en la cruz, donde se vence a la muerte. El sufrimiento forma parte del camino que conduce a otra patria, donde nuestra condición que­dará radical y divinamente transformada.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 18-27

Hermanos:
Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifes­tación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.
Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
Porque en esperanza fuimos salvados. Y una espe­ranza que se ve, ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia.
Así también el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
El que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es se­gún Dios.

Palabra de Dios.


VII. ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?

275. Cristo es la Palabra («yo os amo») que el Padre pronun­cia y nos entrega. El que da lo más está dispuesto a dar todo lo de­más (v. 32). Por eso no puede haber ni sufrimientos ni enfermedad ni muerte que pueda separarnos de ese amor que está sobre noso­tros. Sólo huyendo voluntariamente de ese Amor, que se ha entre­gado por nosotros y a nosotros, lograríamos separamos de él.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 31b-35, 37-39

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra no­sotros?
El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo en­tregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios?
Dios es el que justifica.
¿Quién condenará?
¿Será acaso Cristo que murió, 
más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, 
y que intercede por nosotros?
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?; ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifiestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.


VIII. Lo débil de Dios es más fuerte que los hombres

276. Pablo recuerda, y se lo recuerda a los cristianos de Co­rinto, cómo llegó a su ciudad, al barrio de los desechados por la sociedad, que entusiásticamente se habían abierto a la fe. Venía de Atenas (Hch 17), donde había podido comprobar por con­traste cómo la sabiduría enorgullecía al hombre y cerraba su ac­ceso a la fe en Dios.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 1, 18-25

Hermanos:
El mensaje de la cruz es necedad
para los que están en vías de perdición;
pero para los que están en vías de salvación
—para nosotros— es fuerza de Dios.
Dice la Escritura:
«Destruiré la sabiduría de los sabios,
frustaré la sagacidad de los sagaces».
¿Dónde está el sabio?
¿Dónde está el letrado?
' ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos?
¿No ha convertido Dios en necedad
la sabiduría del mundo?
Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación
para salvar a los creyentes.
Porque los judíos exigen signos,
los griegos buscan sabiduría;
pero nosotros predicamos a Cristo crucificado:
escándalo para los judíos,
necedad para los griegos;
pero para los llamados a Cristo —judíos o griegos—:
fuerza de Dios
y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres;
y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.


IX. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él

277. No estamos solos. Saberse formando parte de un cuerpoda sentido a nuestros triunfos y a nuestros sufrimientos. Todo ad­quiere un significado en el conjunto, incomprensible desde la es­trecha mira individual. Eso llevará a los demás miembros a sinto­nizar con tus sufrimientos (v. 26) y a ti a sintonizar con los de los otros.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 12-22, 24b-27

Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo.
Si el pie dijera: «No soy mano, luego no forma parte
del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo?
Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte
del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo?
Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría?
Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería?
Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.
Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano:
«No te necesito»;
y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito».
Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios.
Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los más necesitados.
Así no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.
Cuando un miembro sufre, todos sufren con él;
cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.
Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro.

Palabra de Dios.


X. (Para los moribundos) Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado

278. La fe se vive en comunidad. Ahí se animan y exigen los creyentes a creer y esperar. La palabra que se predica y se cree es entonces el mejor argumento de nuestra esperanza. Esa palabra dice: Cristo ha resucitado, luego es posible la resurrección del cuerpo mortal, luego es también posible nuestra resurrección. Animémonos mutuamente con esa palabra (1 Ts 4, 18).

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 12-20

Hermanos:
Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno que los muertos no resucitan?
Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resu­citó; y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo.
Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribui­mos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho si es verdad que los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido.
Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados.
¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios.


XI. Nuestro interior se renueva día a día

279. Sigue siendo válida y luminosa la distinción paulina en­tre hombre exterior e interior. Llevamos nuestro tesoro en vasos de arcilla. Importa poco que el vaso exterior visible (v. 18) se vaya deteriorando si nuestra atención y cuidado se centra en mantener y acrecentar el tesoro interior.

Lectura de la segunda carta dél Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 16-18

Hermanos:
No nos desanimamos.
Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo,
nuestro interior se renueva día a día.
Y una tribulación pasajera y liviana
produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria.
No nos fijamos en lo que se ve,
sino en lo que no se ve.
Lo que se ve, es transitorio;
lo que no se ve, es eterno.

Palabra de Dios.


XII. (Para los moribundos) Tenemos una casa eterna en los cielos

280. Caminar en la vida es peregrinar. La mejor morada es más posada que hogar. El Hogar del Padre al que van caminando sus hijos alienta nuestra esperanza y relativiza al tiempo todos los lazos que nos unen al lugar de nuestras tareas.

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 1.6-10

Hermanos:
Es cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio cons­truido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene duración eterna en los cielos.
Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos, estamos desterrados lejos del Señor.
Caminamos sin verlo, guiados por la fe.
Y es tal nuestra confianza, que preferimos deste­rrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor.
Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle.
Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Palabra de Dios.


XIII. Os anuncié el Evangelio con motivo de una enfermedad mia

281. Pablo empezó enfermo su evangelización en Galacia (v. 13) y lleno de dolores siguió predicando después (v. 19) con su palabra y ejemplo. Podemos hacer mucho a pesar de nuestra en­fermedad. E l dolor y la muerte podrá ir haciendo su obra en nosotros mientras conseguimos que hagan su obra la alegría y la vida en cuantos nos rodean.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 12-19

Poneos en mi lugar, hermanos, por favor, que yo me puse en el vuestro. En nada me ofendisteis. Recordáis que la primera vez os anuncié el Evangelio con motivo de una enfermedad mía, pero no me despreciasteis ni sentisteis asco de mí, aunque era una prueba para vo­sotros por mi estado físico; al contrario, me recibisteis como a un mensajero de Dios, como a Jesucristo en persona.
¿Habéis olvidado lo felices que os sentíais? Puedo afirmar en vuestro honor que, a ser posible, os habríais sacado los ojos para dármelos. ¿Y ahora me he hecho enemigo vuestro por ser sincero con vosotros?
El afecto que ésos os tienen no es bueno, quieren aislaros para acaparar vuestro afecto. Sería bueno, en cambio, que os interesarais por lo bueno siempre, y no sólo cuando estoy ahí con vosotros. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros.

Palabra de Dios.


XIV. Estuvo enfermo, pero Dios tuvo misericordia de él

282. Pablo, que tantas veces afirma su deseo de morir para gozar de lleno del Señor, se entristece, sin embargo, con sólo el pensamiento de que su ayudante y amigo pueda morir (vv. 26-27). Por eso quiere que todos participen como él de la alegría de verle sano de nuevo (v. 29).

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses 2, 25-30

Hermanos:
He creído necesario enviaros a Epafrodito, nuestro hermano, cooperador y camarada mío, vuestro en­viado y ministro en mis necesidades, puesto que está suspirando por todos vosotros y está angustiado, por­que ha llegado a noticia vuestra que estuvo enfermo.
Ciertamente que estuvo a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no sólo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza.
Así pues, le envío más prestamente, para que, vién­dole de nuevo, os alegréis y yo quede menos triste. Re­cibidle, pues, en el Señor con toda alegría y honrad a los que son como él, que por el servicio de Cristo es­tuvo a la muerte, habiendo puesto en peligro su vida para suplir en mi servicio vuestra ausencia.

Palabra de Dios.


XV. Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo

283. Los sufrimientos que Pablo padece están llenos para él de sentido. Los sufre pensando en otros («por vosotros»; v. 24) y ve en ellos el modo de prolongar la acción salvadora de Cristo (v. 24), que se ciñó a un espacio y tiempo muy reducidos. Siente además que el mismo Cristo es energía que obra poderosamente en él (v. 29) para llevara cabo esa continuación de su obra.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1, 22-29

Hermanos:
Ahora, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados y Dios puede admitiros a su presencia como a un pueblo santo sin mancha y sin reproche.
La condición es que permanezcáis cimentados y es­tables en la fe, e inamovibles en la esperanza que escuchasteis en el Evangelio.
Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui asignado a su servicio. Me alegro de sufrir por vosotros:
así completo en mi carne los dolores de Cristo,
sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia,
de la cual Dios me ha nombrado ministro,
asignándome la tarea de anunciaros a vosotros
su mensaje completo:
el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos
y generaciones
y que ahora ha revelado a su pueblo santo.
Dios ha querido dar a conocer a los suyos
la gloria y riqueza que este misterio
encierra para los gentiles:
es decir, que Cristo es para vosotros
la esperanza de la gloria.
Nosotros anunciamos a ese Cristo;
amonestamos a todos, enseñamos a todos,
con todos los recursos de la sabiduría,
para que todos lleguen a la madurez
en su vida cristiana:
ésta es mi tarea,
en la que lucho denodadamente
con la fuerza poderosa que él me da.

Palabra de Dios.


XVI. No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas

284. No es el menor fruto de la enfermedad el de experimen­tar en la propia carne el sufrimiento y el dolor que a tantos her­manos nuestros afecta (v. 15). El dolor, como la alegría, puede encerrarnos en nosotros mismos y hacernos olvidar que debemos compartirlos. La solidaridad en el dolor une, impulsa a la súplica (vv. 16. 7) y enseña la aceptación y la obediencia.

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9

Hermanos:
Tenemos un Sumo Sacerdote que penetró los cielos —Jesús, el Hijo de Dios—, Mantengamos firmes la fe que profesamos.
Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Acer­quémonos, por tanto, confiadamente al trono de gra­cia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno.
Cristo, en los días de su vida mortal,
a gritos y con lágrimas,
presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su actitud reverente.
El, a pesar de ser Hijo,
aprendió, sufriendo, a obedecer.
Y, llevado a la consumación,
se ha convertido para todos los que le obedecen
en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.


XVII. La oración de fe salvará al enfermo

285. El espíritu entonado deberá volverse a Dios para ala­barle (v. 13b), el espíritu abatido, para orar, presentando su aflic­ción y su limitación (v. 13a). Esa oración personal del enfermo le une más fuertemente con Dios. La oración de unos por otros no sólo aumentará la unión con Dios, sino la unión y solidaridad de todos.

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 5, 13-16

Queridos hermanos:
¿Sufre alguno de vosotros? Rece.
¿Está alegre alguno? Cante cánticos.
¿Está enfermo alguno de vosotros?
Llame a los presbíteros de la Iglesia, y que recen sobre él,
después de ungirlo con óleo, en el nombre del Señor.
Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo
curará,y, si ha cometido pecado, lo perdonará.
Así, pues, confesaos los pecados unos a otros,
y rezad unos por otros, para que os curéis.
Mucho puede hacer la oración intensa del justo.

Palabra de Dios.


XVIII. Alegraos, aunque de momento tengáis que sufrir un poco

286. El gozo de aquello en que esperamos (v. 3) deberá hacer superar las pruebas y tristezas de que está lleno el camino (v. 6). Esas pruebas servirán para acrisolar nuestra fe y nuestra espe­ranza (v. 7). La prueba hace peor al m al dispuesto, pero mejor al bueno.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran misericordia,
por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,
para una herencia incorruptible, pura, impere­cedera,
que os está reservada en el cielo.
La fuerza de Dios os custodia en la fe 
para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comrobación de vuestra fe
—de más precio que el oro que, aunque perece­dero, lo aquilatan a fuego—
llegará a ser alabanza y gloria y honor
cuando se manifieste Jesucristo.
No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis;
no lo veis, y creéis en él;
y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado,
alcanzando así la meta de vuestra fe:
vuestra propia salvación.

Palabra de Dios.


XIX. Aún no se ha manifestado lo que seremos

287. El que ama no descansa hasta elevar al amado y hacerlo semejante a él. Esa es nuestra esperanza: que el amor que Dios nos tiene, experimentado ya en nuestra vida (v. I), no cesará hasta ha­cernos semejante a él.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad que amor nos ha tenido el Padre
para llamarnos hijos de Dios,
pues ¡lo somos!
El mundo no nos conoce
porque no le conoció a él.
Queridos: ahora somos hijos de Dios
y aún no se ha manifestado lo que seremos.
Sabemos que, cuando se manifieste,
seremos semejantes a él,
porque le veremos tal cual es.

Palabra del Señor.


XX. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor

288. No debemos dejarnos atar y limitar por un pasado y un presente dolorosos (v. 4), sino afirmarnos con renovada fe en la absoluta novedad de lo que nos espera (w. 1 y 4). Debemos estar abiertos a la súbita aparición de *lo nuevo» en nuestra vida y a la profunda transformación que ello es capaz de realizar en nosotros.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, 
porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe.
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén,
que descendía del cielo, enviada por Dios,
arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Y escuché una voz potente que decía desde el trono:
—Esta es la morada de Dios con los hombres:
acampará entre ellos.
Ellos serán su pueblo
y Dios estará con ellos.
Enjugará las lágrimas de sus ojos.
Ya no habrá muerte, ni luto,
ni llanto, ni dolor.
Porque el primer mundo ha pasado.
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
—«Ahora hago el universo nuevo.»
Y volvió a decirme:
—Escribe: estas palabras son verdaderas y fidedignas.
Y añadió:
—Está hecho:Yo soy el Alfa y la Omega,
el Principio y el Fin.
Los sedientos beberán de balde
de la fuente de agua viva.
El que ha vencido es heredero universal:
Yo seré su Dios y él será mi hijo.

Palabra de Dios.


XXI. (Para los moribundos) ¡Ven, Señor Jesús!

289. La vida es un camino que no hacemos solos. Lo recorre­mos caminando hacia un Dios que está viniendo a nuestro en­cuentro. El cristiano que exclama «Ven, Jesús», está pidiendo que se intensifique y actualice en su espíritu esa presencia del Espíritu de Jesús que es ya realidad. «Amén» es la palabra confiada, llena de esperanza, de que así será.

Lectura del libro del Apocalipsis 22, 17. 20-21

El Espíritu y la novia dicen: ¡Ven!
El que lo oiga, que repita: ¡Ven!
El que tenga sed y quiera,
que venga a beber de balde el agua de la vida.
El que atestigua esto responde:
«Sí, vengo en seguida.»
—Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
La gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.

Palabra de Dios.