domingo, 29 de mayo de 2016

Domingo 3 julio 2016, XIV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

CAPÍTULO VII. MUERTE Y EXEQUIAS DEL OBISPO

1157. El Obispo, afectado por la debilidad y la enfermedad, dará ejemplo a su pueblo, recibiendo el sacramento de la penitencia y de la Eucaristía y, si está gravemente enfermo, la Unción de los enfermos.

1158. Próximo ya a la muerte y avisado de ello, pida y reciba el Santo Viático, según el rito que se describe en el Ritual Romano (7).

1159. El presbiterio, y principalmente el Colegio de consultores o el Capítulo de iglesia catedral, pongan sumo interés en darle al Obispo asistencia espiritual en su agonía, teniendo cuidado principalmente de que se le recen las oraciones de recomendación (8) y de que en toda la diócesis los fieles oren por él.

1160. Al expirar el Obispo, récense las oraciones que indica el Ritual (9).
En seguida vístase al difunto con vestiduras de color morado y con las insignias de la Misa estacional y también el palio, si tenía derecho a usarlo. El báculo no se le coloca.
Si el Obispo, trasladado de varias sedes, hubiere recibido varios palios, pónganse éstos en el mismo ataúd, a no ser que el Obispo durante su vida hubiera dispuesto otra cosa.
Después, hasta tanto se traslade el cadáver a la iglesia catedral para celebrar las exequias, expóngase el cuerpo del Obispo en un lugar conveniente donde lo puedan visitar los fieles y orar por él.
Junto al féretro, o en la iglesia catedral, celébrese la vigilia o la Liturgia de las Horas por los difuntos.

1161. El día y la hora oportunos, convóquese al clero y al pueblo para celebrar en la iglesia catedral las exequias del Obispo.
Preside las exequias el Presidente de la Conferencia regional de los Obispos, o el Metropolitano y concelebren con él otros Obispos y también los presbíteros de la diócesis.

1162. Las exequias se celebran como se describen en los nn. 821-838.

1163. El Obispo celebrante principal, él sólo, preside la última recomendación.

1164. El cuerpo del Obispo difunto se ha de sepultar en la iglesia, que de ordinario será iglesia catedral de su diócesis.
El Obispo que hubiere renunciado a la sede, sepúltese en la Iglesia catedral de su última sede, a no ser que él haya dispuesto otra cosa.

1165. Todas las comunidades de la diócesis oren por el Obispo difunto, celebrando ya sea la Misa, ya la Liturgia de las Horas por los difuntos, ya sea de otro modo, según sus posibilidades.

(7) Cf. Ritual Romano, Ritual de Unción y cuidado pastoral de los enfermos, n. 97-99; 100-104.
(8) Cf. ibidem, n. 143-150.
(9) Cf. ibidem, n. 151.


CAPÍTULO VIII. SEDE EPISCOPAL VACANTE

1166. Al quedar vacante la sede episcopal, el Administrador diocesano invite al clero y al pueblo a orar con frecuencia para que se les elija un pastor que responda a las necesidades de la Iglesia.
En todas las iglesias de la diócesis celébrese, por lo menos una vez, la Misa para elegir al Obispo, mientras no ocurra un día de los que se incluyen bajo los números 14 en la tabla de los días litúrgicos (10).

(10) Cf. Apéndice II de este Ceremonial.

CAPÍTULO IX. CELEBRACIÓN DE ALGUNOS ANIVERSARIOS

1167. Celébrese cada año en la iglesia catedral, como también en las otras iglesias y comunidades de la diócesis, el día aniversario de la ordenación del Obispo con la Misa por el Obispo, mientras no ocurra un día de los que se incluyen bajo los números 16 en la tabla de los días litúrgicos (11).
Es recomendable que este día el Obispo del lugar presida la Misa estacional en la iglesia catedral.

1168. Cada año, según venerable tradición, se recuerda con la celebración de la misa el aniversario del último Obispo fallecido, a no ser que haya sido trasladado a otra sede. Es recomendable que la Misa sea presidida en la iglesia catedral por el Obispo del lugar.
Adviértase a los fieles y principalmente a los sacerdotes que se acuerden en el Señor de sus pastores, que les han predicado la Palabra de Dios (12).

(11) Cf. ibidem.
(12) Cf. Hb 13, 7.


CALENDARIO

3 + XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
ve MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. III (o bien: vol. I (C) de las nuevas ediciones).
- Is 66, 10-14c. Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz.
- Sal 65. R. Aclamad al Señor, tierra entera.
- Gál 6, 14-18. Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
- Lc 10, 1-12. 17-20. Descansará sobre ellos vuestra paz.

Artesanos de la paz. La humanidad desea la paz. Isaías habla de la paz que alberga Jerusalén como anticipo de la paz que será derramada por todo el mundo (1 Lect.). Los apóstoles, mensajeros del reino de Dios, son misioneros del Reino y portadores de paz (Ev.). El verdadero misionero se gloría únicamente en la cruz y lleva en su cuerpo las marcas de Jesús (2 Lect.).

* JORNADA DE RESPONSABILIDAD DEL TRÁFICO (dependiente de la CEE, optativa): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ.
* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 4 de julio, pág. 396.

TEXTOS MISA

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINICA XIV PER ANNUM.
Antífona de entrada Sal 47, 10-11
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo; como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 47, 10-11
Suscépimus, Deus, misericórdiam tuam in médio templi tui. Secúndum nomen tuum, Deus, ita et laus tua in fines terrae; iustítia plena est déxtera tua.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria
Oración colecta
Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Collecta
Deus, qui in Fílii tui humilitáte iacéntem mundum erexísti, fidélibus tuis sanctam concéde laetítiam, ut, quos eripuísti a servitúte peccáti, gáudiis fácias pérfrui sempitérnis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del XIV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

PRIMERA LECTURA Is 66, 10-14c
Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz

Lectura del libro de Isaías.

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis;
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella,
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado,
se manifestará a sus siervos la mano del Señor».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 65, 1b-3a. 4-5. 16 y 20 (R.: 1b)
R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

V. Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

V. Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

V. Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna eternamente. R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

V. Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor. R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

SEGUNDA LECTURA Gál 6, 14-18
Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas.

Hermanos:
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Col 3, 15a. 16A
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
La paz de Cristo reine en vuestro corazón; la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. Pax Christi exúltet in córdibus vestris; verbum Christi hábitet in vobis abundánter.
R.

EVANGELIO (forma larga) Lc 10, 1-12. 17-20
Descansará sobre ellos vuestra paz
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles:
“El reino de Dios ha llegado a vosotros”.
Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».
Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO (forma breve) Lc 10, 1-9
Descansará sobre ellos vuestra paz
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
ÁNGELUS, Domingo 7 de julio de 2013
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
(...) El Evangelio de este domingo (Lc 10, 1-12. 17-20) nos habla precisamente de esto: del hecho de que Jesús no es un misionero aislado, no quiere realizar solo su misión, sino que implica a sus discípulos. Y hoy vemos que, además de los Doce apóstoles, llama a otros setenta y dos, y les manda a las aldeas, de dos en dos, a anunciar que el Reino de Dios está cerca. ¡Esto es muy hermoso! Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por ello forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Inmediatamente los entrena para la misión, para ir.
Pero atención: el fin no es socializar, pasar el tiempo juntos, no, la finalidad es anunciar el Reino de Dios, ¡y esto es urgente! También hoy es urgente. No hay tiempo que perder en habladurías, no es necesario esperar el consenso de todos, hay que ir y anunciar. La paz de Cristo se lleva a todos, y si no la acogen, se sigue igualmente adelante. A los enfermos se lleva la curación, porque Dios quiere curar al hombre de todo mal. ¡Cuántos misioneros hacen esto! Siembran vida, salud, consuelo en la periferias del mundo. ¡Qué bello es esto! No vivir para sí mismo, no vivir para sí misma, sino vivir para ir a hacer el bien. Hay tantos jóvenes hoy en la Plaza: pensad en esto, preguntaos: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? A vosotros, jóvenes, a vosotros muchachos y muchachas os pregunto: vosotros, ¿sois valientes para esto, tenéis la valentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros! Ah, ¡lo hacéis bien! ¡Me gusta esto!
Estos setenta y dos discípulos, que Jesús envía delante de Él, ¿quiénes son? ¿A quién representan? Si los Doce son los Apóstoles, y por lo tanto representan también a los obispos, sus sucesores, estos setenta y dos pueden representar a los demás ministros ordenados, presbíteros y diáconos; pero en sentido más amplio podemos pensar en los demás ministerios en la Iglesia, en los catequistas, los fieles laicos que se comprometen en las misiones parroquiales, en quien trabaja con los enfermos, con las diversas formas de necesidad y de marginación; pero siempre como misioneros del Evangelio, con la urgencia del Reino que está cerca. Todos deben ser misioneros, todos pueden escuchar la llamada de Jesús y seguir adelante y anunciar el Reino.
Dice el Evangelio que estos setenta y dos regresaron de su misión llenos de alegría, porque habían experimentado el poder del Nombre de Cristo contra el mal. Jesús lo confirma: a estos discípulos Él les da la fuerza para vencer al maligno. Pero agrega: "No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están escritos en el cielo" (Lc 10, 20). No debemos gloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el único protagonista. Nuestra alegría es sólo esta: ser sus discípulos, sus amigos. Que la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio.
Queridos amigos, ¡la alegría! No tengáis miedo de ser alegres. No tengáis miedo a la alegría. La alegría que nos da el Señor cuando lo dejamos entrar en nuestra vida, dejemos que Él entre en nuestra vida y nos invite a salir de nosotros a las periferias de la vida y anunciar el Evangelio. No tengáis miedo a la alegría. ¡Alegría y valentía!
HOMILÍA. Basílica Vaticana. Domingo 7 de julio de 2013
Queridos hermanos y hermanas:
Ya ayer tuve la alegría de encontrarme con ustedes, y hoy nuestra fiesta es todavía mayor porque nos reunimos de nuevo para celebrar la Eucaristía, en el día del Señor. Ustedes son seminaristas, novicios y novicias, jóvenes en el camino vocacional, provenientes de todas las partes del mundo: ¡representan a la juventud de la Iglesia! Si la Iglesia es la Esposa de Cristo, en cierto sentido ustedes constituyen el momento del noviazgo, la primavera de la vocación, la estación del descubrimiento, de la prueba, de la formación. Y es una etapa muy bonita, en la que se ponen las bases para el futuro. ¡Gracias por haber venido!
Hoy la palabra de Dios nos habla de la misión. ¿De dónde nace la misión? La respuesta es sencilla: nace de una llamada que nos hace el Señor, y quien es llamado por Él lo es para ser enviado. ¿Cuál debe ser el estilo del enviado? ¿Cuáles son los puntos de referencia de la misión cristiana? Las lecturas que hemos escuchado nos sugieren tres: la alegría de la consolación, la cruz y la oración.
1. El primer elemento: la alegría de la consolación. El profeta Isaías se dirige a un pueblo que ha atravesado el periodo oscuro del exilio, ha sufrido una prueba muy dura; pero ahora, para Jerusalén, ha llegado el tiempo de la consolación; la tristeza y el miedo deben dejar paso a la alegría: "Festejad... gozad... alegraos", dice el Profeta (Is 66, 10). Es una gran invitación a la alegría. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo de esta invitación a la alegría? Porque el Señor hará derivar hacia la santa Ciudad y sus habitantes un "torrente" de consolación, un torrente de consolación -así llenos de consolación-, un torrente de ternura materna: "Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán" (v. 12). Como la mamá pone al niño sobre sus rodillas y lo acaricia, así el Señor hará con nosotros y hace con nosotros. Éste es el torrente de ternura que nos da tanta consolación. "Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo" (v. 13). Todo cristiano, y sobre todo nosotros, estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: la consolación de Dios, su ternura para con todos. Pero sólo podremos ser portadores si nosotros experimentamos antes la alegría de ser consolados por Él, de ser amados por Él. Esto es importante para que nuestra misión sea fecunda: sentir la consolación de Dios y transmitirla. A veces me he encontrado con personas consagradas que tienen miedo a la consolación de Dios, y... pobres, se atormentan, porque tienen miedo a esta ternura de Dios. Pero no tengan miedo. No tengan miedo, el Señor es el Señor de la consolación, el Señor de la ternura. El Señor es padre y Él dice que nos tratará como una mamá a su niño, con su ternura. No tengan miedo de la consolación del Señor. La invitación de Isaías ha de resonar en nuestro corazón: "Consolad, consolad a mi pueblo" (Is 40, 1), y esto convertirse en misión. Encontrar al Señor que nos consuela e ir a consolar al pueblo de Dios, ésta es la misión. La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!
2. El segundo punto de referencia de la misión es la cruz de Cristo. San Pablo, escribiendo a los Gálatas, dice: "Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (6, 14). Y habla de las "marcas", es decir, de las llagas de Cristo Crucificado, como el cuño, la señal distintiva de su existencia de Apóstol del Evangelio. En su ministerio, Pablo ha experimentado el sufrimiento, la debilidad y la derrota, pero también la alegría y la consolación. He aquí el misterio pascual de Jesús: misterio de muerte y resurrección. Y precisamente haberse dejado conformar con la muerte de Jesús ha hecho a San Pablo participar en su resurrección, en su victoria. En la hora de la oscuridad, en la hora de la prueba está ya presente y activa el alba de la luz y de la salvación. ¡El misterio pascual es el corazón palpitante de la misión de la Iglesia! Y si permanecemos dentro de este misterio, estamos a salvo tanto de una visión mundana y triunfalista de la misión, como del desánimo que puede nacer ante las pruebas y los fracasos. La fecundidad pastoral, la fecundidad del anuncio del Evangelio no procede ni del éxito ni del fracaso según los criterios de valoración humana, sino de conformarse con la lógica de la Cruz de Jesús, que es la lógica del salir de sí mismos y darse, la lógica del amor. Es la Cruz -siempre la Cruz con Cristo, porque a veces nos ofrecen la cruz sin Cristo: ésa no sirve-. Es la Cruz, siempre la Cruz con Cristo, la que garantiza la fecundidad de nuestra misión. Y desde la Cruz, acto supremo de misericordia y de amor, renacemos como "criatura nueva" (Ga 6, 15).
3. Finalmente, el tercer elemento: la oración. En el Evangelio hemos escuchado: "Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies" (Lc 10, 2). Los obreros para la mies no son elegidos mediante campañas publicitarias o llamadas al servicio de la generosidad, sino que son "elegidos" y "mandados" por Dios. Él es quien elige, Él es quien manda, Él es quien manda, Él es quien encomienda la misión. Por eso es importante la oración. La Iglesia, nos ha repetido Benedicto XVI, no es nuestra, sino de Dios; ¡y cuántas veces nosotros, los consagrados, pensamos que es nuestra! La convertimos... en lo que se nos ocurre. Pero no es nuestra, es de Dios. El campo a cultivar es suyo. Así pues, la misión es sobre todo gracia. La misión es gracia. Y si el apóstol es fruto de la oración, encontrará en ella la luz y la fuerza de su acción. En efecto, nuestra misión pierde su fecundidad, e incluso se apaga, en el mismo momento en que se interrumpe la conexión con la fuente, con el Señor.
Queridos seminaristas, queridas novicias y queridos novicios, queridos jóvenes en el camino vocacional. Uno de ustedes, uno de sus formadores, me decía el otro día: évangéliser on le fait à genoux, la evangelización se hace de rodillas. Óiganlo bien: "la evangelización se hace de rodillas". ¡Sean siempre hombres y mujeres de oración! Sin la relación constante con Dios la misión se convierte en función. Pero, ¿en qué trabajas tú? ¿Eres sastre, cocinera, sacerdote, trabajas como sacerdote, trabajas como religiosa? No. No es un oficio, es otra cosa. El riesgo del activismo, de confiar demasiado en las estructuras, está siempre al acecho. Si miramos a Jesús, vemos que la víspera de cada decisión y acontecimiento importante, se recogía en oración intensa y prolongada. Cultivemos la dimensión contemplativa, incluso en la vorágine de los compromisos más urgentes y duros. Cuanto más les llame la misión a ir a las periferias existenciales, más unido ha de estar su corazón a Cristo, lleno de misericordia y de amor. ¡Aquí reside el secreto de la fecundidad pastoral, de la fecundidad de un discípulo del Señor!
Jesús manda a los suyos sin "talega, ni alforja, ni sandalias" (Lc 10, 4). La difusión del Evangelio no está asegurada ni por el número de personas, ni por el prestigio de la institución, ni por la cantidad de recursos disponibles. Lo que cuenta es estar imbuidos del amor de Cristo, dejarse conducir por el Espíritu Santo, e injertar la propia vida en el árbol de la vida, que es la Cruz del Señor.
Queridos amigos y amigas, con gran confianza les pongo bajo la intercesión de María Santísima. Ella es la Madre que nos ayuda a tomar las decisiones definitivas con libertad, sin miedo. Que Ella les ayude a dar testimonio de la alegría de la consolación de Dios, sin tener miedo a la alegría; que Ella les ayude a conformarse con la lógica de amor de la Cruz, a crecer en una unión cada vez más intensa con el Señor en la oración. ¡Así su vida será rica y fecunda! Amén.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo C. Decimocuarto domingo del Tiempo Ordinario.
El Reino de Dios está cerca.
541 "Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). "Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos" (LG 3). Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).
542 Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios". Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección. "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. LG 3).
543 Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel (cf. Mt 10, 5-7), este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones (cf. Mt 8, 11; Mt 28, 19). Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús:
"La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega" (LG 5).
544 El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para "anunciar la Buena Nueva a los pobres" (Lc 4, 18; cf. Lc 7, 22). Los declara bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los cielos" (Mt 5, 3); a los "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11, 25). Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf. Mc 2, 23-26; Mt 21, 18), la sed (cf. Jn 4, 6-7; Jn 19, 28) y la privación (cf. Lc 9, 58). Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf. Mt 25, 31-46).
545 Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: "No he venido a llamar a justos sino a pecadores" (Mc 2, 17; cf. 1Tm 1, 15). Les invita a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos (cf. Lc 15, 11-32) y la inmensa "alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta" (Lc 15, 7). La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida "para remisión de los pecados" (Mt 26, 28).
546 Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza (cf. Mc 4, 33-34). Por medio de ellas invita al banquete del Reino(cf. Mt 22, 1-14), pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo (cf. Mt 13, 44-45); las palabras no bastan, hacen falta obras (cf. Mt 21, 28-32). Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como una buena tierra (cf. Mt 13, 3-9)? ¿Qué hace con los talentos recibidos (cf. Mt 25, 14-30)? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para "conocer los Misterios del Reino de los cielos" (Mt 13, 11). Para los que están "fuera" (Mc 4, 11), la enseñanza de las parábolas es algo enigmático (cf. Mt 13, 10-15).
Los Apóstoles están asociados a la misión de Cristo
787 La Iglesia es comunión con Jesús
Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida (cf. Mc 1, 16-20; Mc 3, 13-19); les reveló el Misterio del Reino (cf. Mt 13, 10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lc 10, 17-20) y en sus sufrimientos (cf. Lc 22, 28-30). Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre él y los que le sigan: "Permaneced en Mí, como yo en vosotros … Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" (Jn 15, 4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él" (Jn 6, 56).
858 Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, "llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3, 13-14). Desde entonces, serán sus "enviados" [es lo que significa la palabra griega "apostoloi"]. En ellos continúa su propia misión: "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21; cf Jn 13, 20; Jn 17, 18). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: "Quien a vosotros recibe, a mí me recibe", dice a los Doce (Mt 10, 40; cf Lc 10, 16).
859 Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como "el Hijo no puede hacer nada por su cuenta" (Jn 5, 19. 30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él (cf Jn 15, 5) de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como "ministros de una nueva alianza" (2Co 3, 6), "ministros de Dios" (2Co 6, 4), "embajadores de Cristo" (2Co 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1Co 4, 1).
El operario tiene derecho a su salario”
2122 "Fuera de las ofrendas determinadas por la autoridad competente, el ministro no debe pedir nada por la administración de los sacramentos, y ha de procurar siempre que los necesitados no queden privados de la ayuda de los sacramentos por razón de su pobreza" (CIC, can. 848). La autoridad competente puede fijar estas "ofrendas" atendiendo al principio de que el pueblo cristiano debe subvenir al sostenimiento de los ministros de la Iglesia. "El obrero merece su sustento" (Mt 10, 10; cf Lc 10, 7; 1Co 9, 5-18; 1Tm 5, 17-18).
Venga tu Reino”
2816 En el Nuevo Testamento, la palabra "basileia" se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción). El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Ultima Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:
"Incluso puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos" (San Cipriano, Dom. orat. 13).
2817 Esta petición es el "Marana Tha", el grito del Espíritu y de la Esposa: "Ven, Señor Jesús":
"Incluso aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del Reino, habríamos tenido que expresar esta petición, dirigiéndonos con premura a la meta de nuestras esperanzas. Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: '¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?' (Ap 6, 10). En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino!" (Tertuliano, or. 5).
2818 En la oración del Señor, se trata principalmente de la venida final del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo (cf Tt 2, 13). Pero este deseo no distrae a la Iglesia de su misión en este mundo, más bien la compromete. Porque desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor "a fin de santificar todas las cosas llevando a plenitud su obra en el mundo" (MR, plegaria eucarística IV).
2819 "El Reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 17). Los últimos tiempos en los que estamos son los de la efusión del Espíritu Santo. Desde entonces está entablado un combate decisivo entre "la carne" y el Espíritu (cf Ga 5, 16-25):
"Solo un corazón puro puede decir con seguridad: '¡Venga a nosotros tu Reino!'. Es necesario haber estado en la escuela de Pablo para decir: 'Que el pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal' (Rm 6, 12). El que se conserva puro en sus acciones, sus pensamientos y sus palabras, puede decir a Dios: '¡Venga tu Reino!'" (San Cirilo de Jerusalén, catech. myst. 5, 13).
2820 Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (cf GS 22; 32; 39; 45; EN 31).
2821 Esta petición está sostenida y escuchada en la oración de Jesús (cf Jn 17, 17  - 20), presente y eficaz en la Eucaristía; su fruto es la vida nueva según las Bienaventuranzas (cf Mt 5, 13-16; Mt 6, 24; Mt 7, 12-13).
El camino para seguir a Cristo pasa por la cruz
555 Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para "entrar en su gloria" (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24, 27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios (cf. Is 42, 1). La nube indica la presencia del Espíritu Santo: "Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine, Spiritus in nube clara" ("Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa" (Santo Tomás, s. th. 3, 45, 4, ad 2):
"Tú te has transfigurado en la montaña, y, en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado Tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que Tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre" (Liturgia bizantina, Kontakion de la Fiesta de la Transfiguración,)
1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: "Todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia" (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: "Por todo aquél que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10, 32-33).
2015 El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas:
"El que asciende no cesa nunca de ir de comienzo en comienzo mediante comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce" (S. Gregorio de Nisa, hom. in Cant. 8).

Se dice Credo Dicitur Credo
Oración de los fieles
218. Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre.
- Por la santa Iglesia, extendida por todo el universo: para que Dios le conceda la paz, la libertad y la unidad. Roguemos al Señor.
- Por nuestra patria y por los gobernantes de todas las naciones: para que Dios dirija sus pensamientos y decisiones hacia la paz verdadera. Roguemos al Señor.
- Por todos los hombres: para que Dios Padre todopoderoso purifique el mundo de todo error, proteja a los pobres, cure las enfermedades, aleje el hambre, conceda el retorno a los desterrados, empleo a los parados y puerto seguro a los navegantes. Roguemos al Señor.
- Por los que todavía no creen en Cristo: para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren el camino de salvación. Roguemos al Señor.
- Por nuestros familiares amigos y enfermos, y cuantos no han podido acudir con nosotros a esta santa asamblea: para que Dios nuestro Señor escuche sus súplicas y cumpla sus deseos, y así ellos experimenten la alegría de la divina misericordia. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que salvas a todos los hombres y no quieres que ninguno perezca; escucha la oración de tu pueblo y haz que el mundo avance por los caminos de la justicia y que tu Iglesia te sirva en paz. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
La oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique, y cada día nos haga participar con mayor plenitud de la vida del reino glorioso. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Oblátio nos, Dómine, tuo nómini dicáta puríficet, et de die in diem ad caeléstis vitae tránsferat actiónem. Per Christum.
PREFACIO IV DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO
Las etapas de la historia de la salvación en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza caída; con su muerte, destruyó nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y en su ascensión, nos abrió el camino de tu reino.
Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO IV DE DOMINICIS PER ANNUM
De historia salutis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Ipse enim nascéndo vetustátem hóminum renovávit, patiéndo delévit nostra peccáta, aetérnae vitae áditum praestitit a mórtuis resurgéndo, ad te Patrem ascendéndo caeléstes iánuas reserávit.
Et ídeo, cum Angelórum atque Sanctórum turba, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARÍSTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Sal 33, 9
Gustad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él.
O bien: Mt 11, 28
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré -dice el Señor.
Antiphona ad communionem Ps 33, 9
Gustáte et vidéte, quóniam suávis est Dóminus; beátus vir, qui sperat in eo.
Vel: Mt 11, 28
Veníte ad me, omnes qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Alimentados, Señor, con un sacramento tan admirable, concédenos sus frutos de salvación y haz que perseveremos siempre cantando tu alabanza. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Tantis, Dómine, repléti munéribus, praesta, quaesumus, ut et salutária dona capiámus, et a tua numquam laude cessémus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 4 de julio
S
anta Isabel, reina
de Portugal, admirable por su desvelo en con seguir que hiciesen las paces reyes enfrentados y por su caridad en favor de los pobres. Muerto su esposo, el rey Dionisio, abrazó la vida religiosa en el monasterio de monjas de la Tercera Orden de Santa Clara de Estremoz, en Portugal, que ella misma había fundado, y en este mismo monasterio murió, cuando se ocupaba en conseguir la reconciliación de un hijo y un nieto suyos enfrentados (1336).
2. En África, san Jocundiano, mártir (s. inc.).
3. En Vatan, en la región de Bourges, en Aquitania, san Lauriano, mártir (s. III/IV).
4*. En Cahors, en Aquitania, san Florencio, obispo, alabado por san Paulino de Nola como hombre humilde de corazón, fuerte en la gracia y dulce en la palabra (s. V).
5*. En Langres, en Aquitania también, san Valentín, presbítero y eremita (c. s. V).
6*. En Blangy, en la región de la Galia Atrebatense, santa Berta, abadesa, la cual, habiendo ingresado junto con sus hijas Gertrudis y Deotila en el monasterio que ella misma había fundado, pasados unos años se encerró en una celda, donde vivió en completa clausura (c. 725).
7. En Erissos, en la isla de Lesbos, tránsito de san Andrés de Creta, obispo de Gortinia, que cantó a Dios con admirable arte mediante oraciones, himnos y cánticos, y exaltó a la Madre de Dios, la Virgen inmaculada y asunta a los cielos (740).
8. En Augsburgo, ciudad de Baviera, san Udalrico, obispo, ilustre por su admirable abstinencia, su generosidad y sus vigilias, falleciendo nonagenario después de haber sido obispo durante cincuenta años (973).
9*. En Florencia, ciudad de la Toscana, beato Juan de Vespignano (s. XIII/XIV).
10*. En Dorchester, en Inglaterra, beatos mártires Juan, presbítero, apellidado Cornelio y admitido en la Compañia de Jesús hacía poco tiempo, y los seglares que con él colaboraban, Tomás Borgrave, Juan Carey y Patricio Salmon, todos los cuales, en tiempo de la reina Isabel I, glorificaron juntos a Cristo con el martirio (1594).
11*. En York, también en Inglaterra, beatos mártires Guillermo Andleby, presbítero, y Enrique Abbot, Tomás Warcop y Eduardo Fulthorp, seglares, que durante la misma persecución fueron condenados a la pena capital por su fidelidad a la Iglesia y, pasando por crueles suplicios, volaron al Cielo, donde recibieron el premio eterno (1597).
12. En la región de los hurones, en Canadá, san Antonio Daniel, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que después de haber celebrado la misa y estando a la puerta de la iglesia protegiendo a sus neófitos ante el ataque de unos paganos, fue herido con flechas y después quemado. Su memoria y la de sus compañeros mártires se celebra el diecinueve de octubre (1648).
13*. En Mauriac, en Francia, beata Catalina Jarrige, virgen, de la Tercera Orden de Santo Domingo, célebre por su entrega a los pobres y a los enfermos, y que defendió durante la Revolución Francesa a los sacerdotes perseguidos, ayudándoles y visitándoles en la cárcel (1836).
14. En la ciudad de Wan-sha-wa, en la provincia de Hunam, en China, san Cesidio Giacomantonio, presbítero de la Orden de los Menores y mártir, que en la persecución llevada a cabo por los seguidores del movimiento Yihetuan, cuando intentaba proteger de las turbas el Santísimo Sacramento, fue apedreado y, envuelto con un lienzo empapado en petróleo, quemado vivo (1900).
15*. En Turín, ciudad de Italia, beato Pedro Jorge Frassati, joven militante en varias asociaciones de seglares católicos y gran deportista, que se entregó alegremente y con todas sus fuerzas a las obras de caridad en favor de pobres y enfermos, hasta que, atacado por una parálisis fulminante, descansó en el Señor (1925).
16*. En el campo de exterminio de Oswiecim o Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, beato José Kowalski, mártir, que, en tiempo de guerra, fue encarcelado por Cristo y, después de terribles tormentos, consumó el martirio en la cárcel (1942).

Oraciones para la misa de difuntos: Diácono; religioso; y por uno que ha trabajado al servicio del Evangelio.

Difuntos y exequias

IV. ORACIONES POR LOS DIFUNTOS. 4. POR UN DIÁCONO
IV. ORATIONES DIVERSAE PRO DEFUNCTIS. 4. PRO DIACONO
Oración colecta
Te pedimos, Dios misericordioso, por tu siervo el diácono N., a quien confiaste en la tierra el servicio de tu Iglesia; concédele ahora participar también de la felicidad de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Concéde, quaesumus, miséricors Deus, ánimae fámuli tui N. diáconi felicitátis aetérnae consórtium, cui donásti in Ecclésia tua cónsequi ministérium. Per Dóminum.
Oración sobre las ofrendas
Muéstrate propicio, Señor, con tu siervo el diácono N., por quien te ofrecemos este sacrificio; admite en la gloria eterna, entre tus servidores buenos y fieles, a quien durante su vida se dedicó al servicio de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Super oblata
Propitiáre, Dómine, fámulo tuo N. diácono, pro cuius salúte hoc tibi sacrifícium offérimus, ut, sicut Christo Fílio tuo ministrávit in carne, cum fidélibus servis exsúrgat in glóriam sempitérnam. Per Christum.
Oración después de la comunión
Alimentados, Señor, con tus dones santos, por la virtud de este sacrificio, te pedimos humildemente por tu siervo N., a quien, en este mundo, elegiste diácono de tu Iglesia; llámalo ahora, libre ya del poder de la muerte, a disfrutar con los servidores buenos y fieles de la alegría de tu banquete. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Munéribus sacris repléti, te, Dómine, humíliter deprecámur, ut per hoc sacrifícium fámulum tuum N. diáconum, quem inter servos Ecclésiae tuae vocásti, a mortis vínculis absolútum, cum iis qui bene ministravérunt partem recípere et in gáudium tuum intráre benígne concédas. Per Christum.


IV. ORACIONES POR LOS DIFUNTOS. 5. POR UN RELIGIOSO
IV. ORATIONES DIVERSAE PRO DEFUNCTIS. 5. PRO RELIGIOSO
Oración colecta
Te pedimos, Dios todopoderoso, por tu hijo N., que en su entrega total a Jesucristo siguió la senda del amor perfecto; haz que pueda un día contemplar, lleno de gozo, la manifestación de tu gloria y disfrutar con sus hermanos de la eterna felicidad de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Praesta, quaesumus, omnípotens Deus, ut ánima fámuli tui N., qui pro Christi amóre perféctae caritátis viam percúrrit, in advéntu glóriae tuae laetétur, et cum frátribus suis de regni tui beatitúdine gáudeat sempitérna. Per Dóminum.


IV. ORACIONES POR LOS DIFUNTOS. 8. POR UN DIFUNTO QUE HA TRABAJADO EN EL SERVICIO DEL EVANGELIO
IV. ORATIONES DIVERSAE PRO DEFUNCTIS. 6. PRO DEFUNCTO QUI IN SERVITIO EVANGELII LABORAVIT
Oración colecta
Imploramos humildemente tu misericordia, Señor, para que nuestro hermano N., que entregó su vida al servicio del Evangelio, alcance el premio de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Misericórdiam tuam, Dómine, pro fámulo tuo N. súpplices deprecámur, ut, qui pro Evangélio dilatándo allaborávit assíduus, ad praemia regni mereátur intráre secúrus. Per Dóminum.

sábado, 28 de mayo de 2016

Sábado 2 julio 2016, Santa María en sábado, memoria libre, misa del común de Santa María Virgen.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

CAPÍTULO V. IMPOSICIÓN DEL PALIO

1149. La imposición del palio se hace, siempre que sea posible, en la ordenación episcopal, inmediatamente después de la entrega del anillo episcopal y antes de que se imponga la mitra al nuevo Obispo.
El consagrante principal le impone el palio, diciendo: Para gloria de Dios omnipotente, como se indica en el n. 1154.
Siempre que esto no pueda hacerse, es oportuno unir la imposición del palio con el rito de recepción del Obispo en su iglesia catedral.
La imposición del palio se hace dentro de la celebración de la Eucaristía en la iglesia catedral del Obispo, o en otra iglesia más adecuada de su territorio por el Obispo a quien la Sede Apostólica le haya encomendado este oficio, según el rito que se describe más abajo.

1150. La Misa se celebra con el rito estacional.
Uno de los diáconos lleva el palio en la procesión de entrada, y lo coloca sobre el altar.

1151. En un lugar adecuado del presbiterio se prepara un asiento digno para el Obispo a quien la Sede Apostólica confió el oficio de entregar el palio.
El mismo preside la celebración hasta la imposición del palio.

1152. Terminado el canto de entrada, el Obispo a quien se le encomendó el oficio de imponer el palio, saluda al pueblo como de costumbre y con breves palabras le explica el sentido de lo que se va a efectuar.
Luego, el diácono, si la entrega del palio se une con la recepción del Obispo en su iglesia catedral, se acerca al ambón y lee el Mandato apostólico, el cual todos escuchan sentados.
Al final aclaman: Demos gracias a Dios o de otra forma adecuada, según las costumbres del lugar.

1153. Leído el Mandato apostólico o, si la entrega del palio no se hace en la recepción del Obispo en su iglesia catedral, inmediatamente después de la monición del que preside, el elegido se acerca al Obispo a quien se le confió el oficio de imponer el palio, se arrodilla ante él, que está sentado con mitra, y hace la profesión de fe y el juramento, según la forma contenida en las Letras apostólicas.

1154. Cumplido lo anterior, el Prelado recibe del diácono el palio y lo impone sobre los hombros del elegido, diciendo esta fórmula:
Para gloria de Dios omnipotente,
y para alabanza de la bienaventurada siempre Virgen María
y de los Bienaventurados Apostóles Pedro y Pablo,
en nombre del Romano Pontífice, el Papa N.,
y de la Santa Iglesia Romana,
para honor de la Sede N. , a ti confiada,
en señal de la potestad arzobispal,
te entregamos el palio tomado del sepulcro del bienaventurado Pedro, para que lo lleves dentro de los confines de tu provincia eclesiástica.
Sea para ti este palio símbolo de unidad
y señal de comunión con la Sede Apostólica.
Sea vínculo de caridad
y aliciente de fortaleza,
para que el día de la venida y revelación del gran Dios,
y Cabeza de los Pastores, Jesucristo,
poseas con las ovejas a ti confiadas,
el vestido de la inmortalidad y de la gloria.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
R/ Amén


1155. Luego, omitido el acto penitencial y, si se juzga conveniente, el Señor, ten piedad, el Arzobispo que recibió el palio, inicia, si debe decirse, el himno: Gloria a Dios en el cielo.
La Misa continúa como de costumbre.

CAPÍTULO VI. TRASLADO DE UN OBISPO A OTRA SEDE O RENUNCIA DE UN OBISPO

1156. Es conveniente que el Obispo que ha sido promovido a otra sede o al cual el Romano Pontífice aceptó su renuncia, convoque a su pueblo a una acción litúrgica, para despedirse de él, y con él dar gracias a Dios por los beneficios recibidos durante el tiempo de su episcopado.

CALENDARIO

2 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre

Misa
de sábado (verde) o de la memoria (blanco).
ve bl MISAL: para el sábado cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24) / para la memoria del común de santa María Virgen o de las «Misas de la Virgen María» (véase en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 17. 24), Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Am 9, 11-15. Haré volver los cautivos de Israel y los plantaré en su campo.
- Sal 84. R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
- Mt 9, 14-17. ¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?
o bien: cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

Liturgia de las Horas: oficio de sábado o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 3 de julio, pág. 395.
CALENDARIOS: Orihuela-Alicante, en la ciudad de Alicante: Dedicación de la Iglesia concatedral (MO).
Jesuitas: Santos Bernardino Realino, Juan Francisco Regis y Francisco de Gerónimo; beatos Julián Maunoir y Antonio Baldinucci, presbíteros (ML).
Lleida: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Salvador Giménez Valls, obispo (2005).

2 SÁBADO. Después de la hora nona:
DECIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Segunda semana del salterio
Misa
vespertina del XIV Domingo del tiempo ordinario (verde).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

COMÚN DE SANTA MARÍA VIRGEN
1.
COMMUNE BEATAE MARIAE VIRGINIS.
I. TEMPORE "PER ANNUM" 1.
Antífona de entrada Sedulio
¡Salve, Madre Santa!, Virgen, Madre del Rey, que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos.
Antiphona ad introitum
Salve, sancta parens, eníxa puérpera Regem, qui caelum terrámque regit in saecula saeculórum.
Oración colecta
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Concéde nos fámulos tuos, quaesumus, Dómine Deus, perpétua mentis et córporis sanitáte gaudére, et, gloriósa beátae Maríae semper Vírginis intercessióne, a praesénti liberári tristítia, et aetérna pérfrui laetítia. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XIII semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Am 9, 11-15Repatriaré a los desterrados de mi pueblo y los plantaré en su tierra
Lectura de la profecía de Amós.

Esto dice el Señor:
«Aquel día levantaré la cabaña caída de David,
repararé sus brechas, restauraré sus ruinas
y la reconstruiré como antaño,
para que posean el resto de Edón
y todas las naciones sobre las cuales
fue invocado mi nombre
—oráculo del Señor que hace todo esto—.
Vienen días —oráculo del Señor—
cuando se encontrarán el que ara con el que siega,
y el que pisa la uva con quien esparce la semilla;
las montañas destilarán mosto
y las colinas se derretirán.
Repatriaré a los desterrados de mi pueblo Israel;
ellos reconstruirán ciudades derruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán su vino,
cultivaran huertos y comerán sus frutos.
Yo los plantaré en su tierra,
que yo les había dado,
y ya no serán arrancados de ella
—dice el Señor, tu Dios—».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 84, 9. 11-12. 13-14 (R.: 9bc)
R.
Dios anuncia la paz a su pueblo. Lóquitur pacem Dóminus ad plebem suam.

V. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón». R.
Dios anuncia la paz a su pueblo. Lóquitur pacem Dóminus ad plebem suam.

V. La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
Dios anuncia la paz a su pueblo. Lóquitur pacem Dóminus ad plebem suam.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R.
Dios anuncia la paz a su pueblo. Lóquitur pacem Dóminus ad plebem suam.

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen. Oves meæ vocem meam áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.
R.

EVANGELIO Mt 9, 14-17
¿Es que pueden guardar luto mientras el esposo está con ellos?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan». 

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30, 4
De nuevo apoya Jesús su palabra en comparaciones sencillas, cuando dice: "Nadie cose una pieza de paño burdo en un vestido viejo", etc. Como si dijera: "Aun mis discípulos no son bastante fuertes y por eso necesitan aún de condescendencia; aun no están renovados por el Espíritu y no conviene imponer todo el peso de los preceptos a espíritus así dispuestos". De esta manera enseña a los Apóstoles a recibir con cariño a sus discípulos, sea cualquiera la región a la que pertenezcan.

Oración de los fieles
371. Dios, Padre de los pobres y de los humildes, ha elegido a María para templo de su gloria. A él dirigimos nuestra confiada oración.
- Por la santa Iglesia: para que acogiendo con humildad y fe el don de la salvación, sea, cada vez más, canal de gracia y de perdón para la humanidad. Roguemos al Señor.
- Por todos los pueblos de la tierra: para que descubran en la condivisión de los bienes materiales, culturales y espirituales el camino seguro para un futuro de progreso real en la serenidad y en la paz. Roguemos al Señor.
- Por los más necesitados de nuestra sociedad: para que todos reciban la ayuda y el calor de un servicio generoso por parte de quienes, como María, consagran su vida en beneficio de los demás. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, reunidos en esta celebración: para que el espíritu de gratitud y de alabanza que brilló en la Virgen María nos haga siempre fieles y agradecidos en los momentos de prueba y de alegría. Roguemos al Señor.
Padre misericordioso, tú que conoces nuestro corazón, ven en ayuda de la debilidad humana y, por intercesión de María, virgen orante, escucha nuestras súplicas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
El amor y la gracia de tu Hijo, hecho hombre por nosotros, sea nuestro socorro, Señor, y el que al nacer de la Virgen no menoscabó la integridad de su Madre sino que la santificó, nos libre del peso de nuestros pecados y vuelva así aceptable nuestra ofrenda delante de tus ojos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, preces pópuli tui cum oblatiónibus hostiárum, ut, intercedénte beáta María, Fílii tui Genetríce, nullíus sit írritum votum, nullíus sit vácua postulátio. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARISTICA IV.
Antífona de la comunión Cf. Lc 11, 27
Dichoso el vientre de María, la Virgen, que llevó al Hijo del eterno Padre.
Antiphona ad communionem Cf. Lc 11, 27
Beáta víscera Maríae Vírginis, quae portavérunt aetérni Patris Fílium.
Oración después de la comunión
Al recibir estos sacramentos, Señor, imploramos de tu misericordia que cuantos nos gozamos en la festividad de María, siempre Virgen, nos entreguemos como ella al servicio de tu plan de salvación sobre los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Suméntes, Dómine, caeléstia sacraménta, quaesumus cleméntiam tuam, ut, qui de beátae Vírginis Mariae commemoratióne laetámur, eiúsdem Vírginis imitatióne, redemptiónis nostrae mystério digne valeámus famulári. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 3 de julio
F
iesta de santo Tomás, apóstol, que cuando los otros discípulos le anunciaron que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza, exclamó: «Señor mío y Dios mío». Es tradición que evangelizó los pueblos de la India, transmitiéndoles la fe que él había recibido (s. I).
2. En Laodicea, en Siria, conmemoración de san Anatolio, obispo, que dejó numerosos escritos dignos de admiración, no sólo para las personas piadosas, sino incluso para los filósofos (s. III).
3, En Bizia (hoy Wiza), en Tracia, san Memnón, centurión y mártir, que convertido a la fe en tiempos de Diocleciano y Maximiano por san Severo, juntamente con éste fue sometido a crueles tormentos, subiendo él en primer lugar victorioso al cielo (c. s. III).
4. En Mesia, conmemoración de los santos Marcos y Muciano, mártires, que fueron decapitados por negarse a inmolar a los ídolos y por confesar valientemente a Cristo (c. s. IV).
5. En Altino, en la región de Venecia, san Heliodoro, obispo, que tuvo como maestro a san Valeriano de Aquileya y fue compañero de los santos Cromacio y Jerónimo, siendo el primer obispo de dicha ciudad (s. IV/V).
6*. En Constantinopla, san Anatolio, obispo, que profesó la fe ortodoxa sobre las dos naturalezas de Cristo contenida en el tomus que el papa san León envió a Flaviano, y que se preocupó de que se profesase esta fe en el concilio de Calcedonia (458).
7. En Roma, en la basílica de San Pedro, san León II, papa, conocedor de las lenguas griega y latina, amigo de la pobreza y de los pobres, y que aprobó el Tercer Concilio de Constantinopla (683).
8*. En Toulouse, junto al Garona, en Francia, san Raimundo Gayrard, maestro de escuela, que, al quedar viudo, consagró su vida a hacer obras de caridad, fundando para ello un hospital, y, pasado un tiempo, fue admitido entre los canónigos de la basílica de San Saturnino (1118).
9*. En una nave frente a las costas de la isla de Mallorca, beato Raimundo Llull, religioso de la Tercera Orden de San Francisco y mártir, el cual, varón de eximia ciencia e iluminada doctrina, para propagar el Evangelio de Cristo estableció un diálogo fraterno con los sarracenos (1316).
10. En la ciudad de Hung Yên, en Tonquín, san José Nguyen Dình Uyên, catequista y mártir, que, en tiempo del emperador Minh Mang, fue encarcelado por odio a la fe cristiana, muriendo en la cárcel (1838).
10. En la ciudad de Vinh Long, en Cochinchina, san Felipe Phan Van Minh, presbítero y mártir, decapitado, en tiempo del emperador Tu Duc, por confesar a Cristo (1853).
11*. En Fuencarral, pueblo cercano a Madrid, en España, beata María Ana Mogás Fontcuberta, virgen, fundadora de la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, para la educación de las niñas y para cuidar a pobres y enfermos (1886).
12. En una región pantanosa junto a Dongyangtai, pueblo cercano a Shenxian, en la provincia china de Hebei, santos hermanos Pedro Zhao Mingzhen y Juan Bautista Zhao Mingxi, mártires, que en la persecución promovida por los seguidores del movimiento Yihetuan, olvidándose de sí mismos, mientras protegían a las mujeres y a los niños cristianos que huían, fueron asesinados (1900).

Formularios para misas de difuntos: en el aniversario, fuera de tiempo pascual.

Difuntos y exequias

MISA DE DIFUNTOS
EN EL ANIVERSARIO. A) Fuera del tiempo pascual
MISSA DEFUNCTORUM.
IN ANNIVERSARIO. A. Extra tempus paschale
Antífona de entrada Ap 21, 4
Dios enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.
Antiphona ad introitum Ap 21, 4
Abstérget Deus omnem lácrimam ab óculis eórum, et mors ultra non erit, neque luctus, neque clamor, neque dolor erit ultra, quia prima transiérunt.
Oración colecta
Oh Dios, gloria de los fieles y vida de los justos, nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a tu siervo N., y pues creyó en la resurrección futura, merezca alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, glória fidélium et vita iustórum, cuius Fílii morte et resurrectióne redémpti sumus, propitiáre fámulo tuo N., ut, qui resurrectiónis nostrae mystérium agnóvit, aetérnae beatitúdinis gáudia percípere mereátur. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos por tu siervo N.; haz que, purificado por este sacramento, viva por siempre feliz en tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Múnera, quaesumus, Dómine, quae tibi pro ánima fámuli tui N. offérimus, placátus inténde, ut, remédiis purgáta caeléstibus, in tua glória semper viva sit et beáta. Per Christum.
PREFACIO II DE DIFUNTOS
Cristo ha muerto para nuestra vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él aceptó la muerte, uno por todos, para librarnos del morir eterno; es más, quiso entregar su vida para que todos tuviéramos vida eterna.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE DEFUNCTIS
Christus mortuus est pro vita nostra
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Ipse enim mortem unus accépit, ne omnes nos morerémur; immo unus mori dignátus est, ut omnes tibi perpétuo viverémus.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III.
PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de la comunión Jn 11, 25; 3, 36; 5, 24
Yo soy la resurrección y la vida -dice el Señor-: el que cree en mí posee la vida eterna y no será condenado, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.
Antiphona ad communionem Jn 11, 25; 3, 36; 5, 24
Ego sum resurréctio et vita, dicit Dóminus. Qui credit in me, habet vitam aetérnam, et in iudícium non venit, sed tránsiet de morte ad vitam.
Oración después de la comunión
Confortados con los sacramentos que dan la vida, te pedimos, Señor, por nuestro hermano N., que participó de tu alianza en la tierra; purifícalo por esta celebración para que pueda gozar eternamente de la paz de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Sacris reparáti mystériis, te, Dómine, supplíciter exorámus, ut fámulus N., a delíctis ómnibus emundátus, aetérno resurrectiónis múnere ditári mereátur. Per Christum.


MISA DE DIFUNTOS
EN EL ANIVERSARIO. B) Fuera del tiempo pascual
MISSA DEFUNCTORUM
IN ANNIVERSARIO. B. Extra tempus paschale
Antífona de entrada
Señor Jesús, concede el descanso eterno a quienes has salvado con tu sangre preciosa.
Antiphona ad introitum
Dómine Iesu, concéde réquiem aetérnam eis, pro quibus tuum pretiósum effudísti sánguinem.
Oración colecta
Al conmemorar el aniversario de la muerte de tu siervo N., te pedimos, Señor, que derrames sobre él tu misericordia y le hagas partícipe de la suerte de los santos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Quaesumus, Dómine, ut fámulo tuo N., cuius córporis depositiónis diem commemorámus, rorem misericórdiae tuae perénnem infúndas, et Sanctórum tuórum largíri dignéris consórtium. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Escucha, Señor, las súplicas que te dirigimos en favor de nuestro hermano N., cuyo aniversario conmemoramos hoy, y por este sacrificio de reconciliación y alabanza, dígnate darle parte en la suerte de los santos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Adésto, Dómine, supplicatiónibus nostris pro fámulo tuo N., cuius mortis hódie ánnua dies ágitur, ut, per hoc sacrifícium propitiatiónis et laudis, eum Sanctórum tuórum consórtio sociáre dignéris. Per Christum.
PREFACIO III DE DIFUNTOS
Cristo, salvación y vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él es la salvación del mundo, la vida de los hombres, la resurrección de los muertos.
Por él, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO III DE DEFUNCTIS
Christus, salus et vita
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum:
Qui est salus mundi, vita hóminum, resurréctio mortuórum.
Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium. Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II.
PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de la comunión
Tú, Señor, que eres el descanso después del trabajo, tú que eres la vida después de la muerte, concédeles el descanso eterno.
Antiphona ad communionem
Qui es, Dómine, réquies post labórem, qui es vita post mortem, tu dona eis réquiem sempitérnam.
Oración después de la comunión
Tú, Señor, que has querido aceptar nuestras oraciones y ofrendas en favor de nuestro hermano N., haz que por la generosidad de tu perdón se vea limpio de las manchas con que hayan podido marcarle sus pecados. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Précibus nostris et sacrifíciis, Dómine, pro ánima fámuli tui N. benígne suscéptis, te súpplices deprecámur, ut, si quae ei máculae peccáti adhaesérunt, remissiónis tuae misericórdia deleántur. Per Christum.

viernes, 27 de mayo de 2016

Viernes 1 julio 2016, De la preciosísima Sangre de Cristo, misa votiva.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

La preciosísima Sangre de Cristo

175. En la revelación bíblica, tanto en la fase de figura, propia del Antiguo Testamento, como en la de cumplimiento y perfección, propia del Nuevo, la sangre aparece íntimamente relacionado con la vida, y como antítesis con la muerte, con el éxodo y la pascua, con el sacerdocio y los sacrificios cultuales, con la redención y la alianza.

Las figuras del Antiguo Testamento referidas a la sangre y a su valor salvífico se han realizado de modo perfecto en Cristo, sobre todo en su Pascua de Muerte y Resurrección. Por esto el misterio de la Sangre de Cristo ocupa un puesto central en la fe y en la salvación.

Con el misterio de la Sangre salvadora se relacionan o remiten al mismo:
- el acontecimiento de la Encarnación del Verbo (cfr. Jn 1,14) y el rito de incorporación del recién nacido Jesús al pueblo de la Antigua Alianza, mediante la circuncisión (cfr. Lc 2,21);
- la figura bíblica del Cordero, con una multitud de aspectos e implicaciones: "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29.36); en la que confluye la imagen del "Siervo sufriente" de Isaías 53, que carga sobre sí los sufrimientos y el pecado de la humanidad (cfr. Is 53,4-5); "Cordero pascual" (cfr. Ex 12,1; Jn 12,36), símbolo de la redención de Israel (cfr. Hech 8,31-35; 1 Cor 5,7; 1 Pe 1,18-20);
- el "cáliz de la pasión", del que habla Jesús, aludiendo a su inminente muerte redentora, cuando pregunta a los hijos de Zebedeo: "¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber?" (Mt 20,22; cfr. Mc 10,38) y el cáliz de la agonía del huerto de los olivos (cfr. Lc 22,42-43), acompañado del sudor de sangre (cfr. Lc 22,44);
- el cáliz eucarístico, que en el signo del vino contiene la Sangre de la Alianza nueva y eterna, derramada por la remisión de los pecados, y es memorial de la Pascua del Señor (cfr. 1 Cor 11,25) y bebida de salvación, conforme a las palabras del Maestro: "el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día" (Jn 6,54);
- el acontecimiento de la muerte, porque mediante la sangre derramada en la Cruz, Cristo puso en paz el cielo y la tierra (cfr. Col 1,20);
- el golpe de la lanza que atravesó al Cordero inmolado, de cuyo costado abierto brotaron sangre y agua (cfr. Jn 19,34), testimonio de la redención realizada, signo de la vida sacramental de la Iglesia – agua y sangre, Bautismo y Eucaristía -, símbolo de la Iglesia nacida de Cristo dormido en la Cruz.

176. Con el misterio de la sangre se relacionan, de modo particular, los títulos cristológicos de Redentor: Cristo con su sangre inocente y preciosa nos ha rescatado de la antigua esclavitud (cfr. 1 Pe 1,19) y nos "limpia de todo pecado" (1 Jn 1,7); de sumo Sacerdote de los "bienes futuros", porque Cristo "no con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre entró una vez para siempre en el santuario, obteniéndonos la redención eterna" (Heb 9,11-12); de Testigo fiel (cfr. Ap 1,5) que hace justicia a la sangre de los mártires (cfr. Ap 6,10), que "fueron inmolados por la Palabra de Dios y por el testimonio que dieron de la misma" (Ap 6,9); de Rey, el cual, Dios, "reina desde el madero", adornado con la púrpura de su propia sangre; de Esposo y Cordero de Dios, en cuya sangre han lavado sus vestiduras los miembros de la comunidad eclesial – la Esposa –(cfr. Ap 7,14; Ef 5,25-27).

177. La extraordinaria importancia de la Sangre salvadora ha hecho que su memoria tenga un lugar central y esencial en la celebración del misterio del culto: ante todo en el centro mismo de la asamblea eucarística, en la que la Iglesia eleva a Dios Padre, en acción de gracias, el "cáliz de la bendición" (1 Cor 10,16) y lo ofrece a los fieles como sacramento de verdadera y real "comunión con la sangre de Cristo" (1 Cor 10,16), y también en el curso del Año Litúrgico. La Iglesia conmemora el misterio de la Sangre, no sólo en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Señor (jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad), sino también en otras muchas celebraciones, de manera que la memoria cultual de la Sangre que nos ha rescatado (cfr. 1 Pe 1,18) está presente durante todo el Año. Por ejemplo, en el Tiempo de Navidad, en las Vísperas, la Iglesia, dirigiéndose a Cristo canta: "Nos quoque, qui sancto tuo/ redempti sumus sanguine,/ ob diem natalis tui/ hymnum novum concinimus". Pero sobre todo en el Triduo pascual, el valor y la eficacia redentora de la Sangre de Cristo son objeto de memoria y adoración constante. El Viernes Santo, durante la adoración de la Cruz, resuena el canto: "Mite corpus perforatur, sanguis unde profluit;/ terra, pontus, astra, mundus quo lavantur flumine!"; y en mismo día de Pascua: "Cuius corpus sanctissimum/ in ara crucis torridum,/ sed et cruorem roseum/ gustando, Deo vivimus"

En algunos lugares y Calendarios particulares, la fiesta de la preciosísima Sangre de Cristo se celebra todavía el 1 de Julio: en ella se recuerdan los títulos del Redentor.

178. La veneración de la Sangre de Cristo ha pasado del culto litúrgico a la piedad popular, en la que tiene un amplio espacio y numerosas expresiones. Entre éstas hay que recordar:
- la Corona de la preciosa Sangre de Cristo, en la que con lecturas bíblicas y oraciones son objeto de meditación piadosa "siete efusiones de sangre" de Cristo, explícita o implícitamente recordadas en los Evangelios: la sangre derramada en la circuncisión, en el huerto de los olivos, en la flagelación, en la coronación de espinas, en la subida al Monte Calvario, en la crucifixión, en el golpe de la lanza;
las Letanías de la Sangre de Cristo: el formulario actual, aprobado por el Papa Juan XXIII el 24 de Febrero de 1960, se despliega desde un argumento en el que la línea histórico-salvífica es claramente visible y las referencias a pasajes bíblicos son numerosas;
la Hora de adoración a la preciosa Sangre de Cristo, que adquiere una gran variedad de formas, pero con un único objetivo: la alabanza y la adoración de la Sangre de Cristo presente en la Eucaristía, el agradecimiento por los dones de la redención, la intercesión para alcanzar misericordia y perdón, la ofrenda de la Sangre preciosa por el bien de la Iglesia;
el Vía Sanguinis: un ejercicio de piedad reciente que, por motivos antropológicos y culturales, ha tenido su origen en África, donde hoy está particularmente extendido entre las comunidades cristianas. En el Vía Sanguinis los fieles, avanzando de un lugar a otro como en el Vía Crucis, reviven los diversos momentos en los que el Señor Jesús derramó su sangre por nuestra salvación.

179. La veneración de la Sangre del Señor, derramada para nuestra salvación, y la conciencia de su inmenso valor han favorecido la difusión de representaciones iconográficas aceptadas por la Iglesia. Hay dos tipos fundamentales: la que hace referencia al cáliz eucarístico, que contiene la Sangre de la nueva y eterna Alianza, y la que sitúa en el centro de la imagen a Jesús crucificado, de cuyas manos, pies y costado brota la Sangre salvadora. A veces la Sangre inunda la tierra abundantemente, como un torrente de gracia que purifica los pecados; a veces junto a la cruz se representan cinco Ángeles, que recogen cada uno en un cáliz la Sangre que mana de las cinco heridas; esta acción a veces la realiza una figura femenina, que representa a la Iglesia, Esposa del Cordero.

CALENDARIO

JULIO
1 VIERNES DE LA XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
ve MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24), Pf. común.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Am 8, 4-6. 9-12. Enviaré hambre, no de pan, sino de escuchar la palabra del Señor.
- Sal 118. R. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
- Mt 9, 9-13. No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificios.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 2 de julio, pág. 393.
CALENDARIOS: Pasionistas Misioneros de la Preciosa Sangre y Adoratrices de la Sangre de Cristo: Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (S). Valencia y Pasionistas: (F).
Orden de San Juan de Jerusalén: San Nicasio, mártir (MO).

TEXTOS MISA

DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Esta misa se dice con vestiduras de color rojo.
DE PRETIOSISSIMO SANGUINE DOMINI NOSTRI IESU CHRISTI
In hac Missa adhibetur color ruber.
Antífona de entrada Ap 5, 9-10
Con tu sangre has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo o nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal, que sirva a Dios y reine sobre la tierra.
Ant. ad introitum Cf. Ap 5, 9-10
Redemísti nos, Dómine, in Sánguine tuo, ex omni tribu et lingua et pópulo et natióne, et fecísti nos Deo nostro regnum.
Oración colecta
Oh Dios, que has redimido a todos los hombres con la Sangre preciosa de tu Hijo unigénito, conserva en nosotros la acción de tu misericordia para que, celebrando siempre el misterio de nuestra salvación, podamos conseguir sus frutos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui pretióso Unigéniti tui Sánguine univérsos hómines redemísti, consérva in nobis opus misericórdiae tuae, ut, nostrae salútis mystérium iúgiter recoléntes, eiúsdem fructum cónsequi mereámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la XIII semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Am 8, 4-6. 9-12
Enviaré hambre al país, no de pan, sino de escuchar las palabras del Señor

Lectura de la profecía de Amós

Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre
y elimináis a los humildes del país,
diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva,
para vender el grano,
y el sábado, para abrir los sacos de cereal
—reduciendo el peso y aumentando el precio,
y modificando las balanzas con engaño—
para comprar al indigente por plata
y al pobre por un par de sandalias,
para vender hasta el salvado del grano?».
Aquel día —oráculo del Señor Dios—
haré que el sol se oculte a mediodía,
y oscureceré la tierra en pleno día.
Transformaré vuestras fiestas en duelo,
y todas vuestras canciones en elegía.
Pondré arpillera sobre toda espalda
y dejaré rapada toda cabeza.
Será como el duelo por un hijo único,
y el final como un día de amargura.
Vienen días —oráculo del Señor Dios—
en que enviaré hambre al país:
no hambre de pan, ni sed de agua,
sino de escuchar las palabras del Señor.
Andarán errantes de mar a mar
y de septentrión a oriente deambularán
buscando la palabra del Señor,
pero no la encontrarán.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 118, 2. 10. 20. 30. 40. 131 (R.: Mt 4, 4)
R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

V. Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

V. Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

V. Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos. R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

V. Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

V. Mira cómo ansío tus mandatos:
dame vida con tu justicia. R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

V. Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R.
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

Aleluya Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados -dice el Señor-, y yo os aliviaré.
Veníte ad me, omnes qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos, dicit Dóminus.
R.

EVANGELIO Mt 9, 9-13
No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Audiencia general, Miércoles 13 de abril de 2016.
Jesús les recuerda una palabra del profeta Oseas (Os 6, 6): «Id, pues, a aprender qué significa aquello de: misericordia quiero, que no sacrificio» (Mt 9, 13). Dirigiéndose al pueblo de Israel el profeta lo reprendía porque las oraciones que elevaba eran palabras vacías e incoherentes. A pesar de la alianza de Dios y la misericordia, el pueblo vivía frecuentemente con una religiosidad «de fachada», sin vivir en profundidad el mandamiento del Señor. Es por eso que el profeta insiste: «misericordia quiero», es decir la lealtad de un corazón que reconoce los propios pecados, que se arrepiente y vuelve a ser fiel a la alianza con Dios. «Y no sacrificio»: ¡sin un corazón arrepentido cada acción religiosa es ineficaz! Jesús aplica esta frase profética también a las relaciones humanas: aquellos fariseos eran muy religiosos en la forma, pero no estaban dispuestos a compartir la mesa con los publicanos y los pecadores; no reconocían la posibilidad de un arrepentimiento y, por eso, de una curación; no colocan en primer lugar la misericordia: aun siendo fieles custodios de la Ley, ¡demostraban no conocer el corazón de Dios! Es como si a ti te regalaran un paquete, donde dentro hay un regalo y tú, en lugar de ir a buscar el regalo, miras sólo el papel que lo envuelve: sólo las apariencias, la forma, y no el núcleo de la gracia, ¡del regalo que es dado!

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario V
293. Suba nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que quiere iluminar y salvar a todos los hombres.
- Por nuestro Santo Padre el papa N y por todos los obispos: para que guíen fielmente al pueblo de Dios. Roguemos al Señor.
- Por los que rigen los destinos de los pueblos: para que protejan la libertad de los ciudadanos y gobiernen con rectitud y justicia. Roguemos al Señor.
- Por los hambrientos y los enfermos, por los emigrantes y los que no tienen trabajo, por todos los que sufren: para que sean aliviados en su necesidad. Roguemos al Señor.
- Por los que estamos aquí reunidos: para que vivamos en amor fraterno y formemos una comunidad de fe, esperanza y amor en el seno de la Iglesia. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios todopoderoso, las súplicas de tu pueblo; y concédenos lo que te pedimos, confiados en tu bondad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Al presentarte nuestras ofrendas, te suplicamos, Señor, que en estos misterios nos acerquemos a Jesús, Mediador de la nueva alianza, y renovemos la acción salvadora de su Sangre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Maiestáti tuae, Dómine, oblatiónis nostrae múnera proferéntes, ad novi testaménti Mediatórem Iesum his mystériis accedámus, eiúsque aspersiónem Sánguinis salutíferam innovémus. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA SOBRE LA RECONCILIACIÓN I. PREX EUCHARISTICA DE RECONCILIATIONE I.
Antífona de la comunión Cf. 1 Cor 10, 16
El cáliz de nuestra Acción de gracias nos une a todos en la sangre de Cristo; el pan que partimos nos une a todos en el cuerpo de Cristo.
Antiphona ad communionem Cf. 1Co 10,16
Calix benedictiónis, cui benedícimus, communicátio Sánguinis Christi est; et panis, quem frángimus, participátio Córporis Dómini est.
Oración después de la comunión
Alimentados con los sacramentos del cielo, te rogamos, Dios todopoderoso, que liberes del temor de los enemigos a cuantos redimiste con la Sangre preciosa de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Refécti cibo potúque caelésti, quaesumus, omnípotens Deus, ut ab hóstium deféndas formídine, quos pretióso Fílii tui Sánguine redemísti. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 2 de julio

1. En Roma, en el cementerio de Dámaso, en el segundo miliario de la vía Aurelia, santos Proceso y Martiniano, mártires (sec. inc.).
2. Conmemoración de los santos mártires Liberato, abad, Bonifacio, diácono, Servo y Rústico, subdiáconos, Rogato y Septimio, monjes, y el niño Máximo, quienes en Cartago, durante la persecución desencadenada por los vándalos bajo el rey arriano Hunnerico, por confesar la verdadera fe católica y un solo bautismo, fueron sometidos a crueles tormentos, clavados a los maderos con los que iban a ser quemados y golpeados con remos hasta que sus cabezas quedaron deshechas, triunfando ellos brillantemente, por lo que merecieron ser coronados por el Señor (484).
3. En Tours, de Neustria, santa Monegunda, consagrada a Dios, que, dejando patria y parientes, se entregó únicamente a la oración (557).
6 En Winchester, en Inglaterra, san Swithun, obispo, célebre por su austeridad y por su amor a los pobres. Construyó muchas iglesias, que visitaba siempre caminando (862).
5*. En Sezze, en el Lacio, san Lídano, abad, fundador del monasterio de este lugar, que con sus monjes saneó las tierras circundantes, liberando de esa forma a sus habitantes de la fiebre palúdica (1118).
6*. En Villeneuve, cerca de Aviñón, en Francia, tránsito del beato Pedro de Luxemburgo, obispo de Metz, que vivió entregado a la penitencia y a la oración (1387).
7*. En Fabriano, del Piceno, en Italia, conmemoración de los beatos Juan y Pedro Becchetti, presbíteros de la Orden de Ermitaños de San Agustín, unidos más por el género de vida que por los vínculos de la sangre (c. 1420/1421).
8. En Lecce, en la Apulia, san Bernardino Realino, presbítero de la Compañía de Jesús, ilustre por su caridad y su benignidad, que, despreciando los honores del mundo, se entregó al cuidado pastoral de los presos y de los enfermos, y al ministerio de la palabra y del sacramento de la penitencia (1616).
9*. En Lieja, en Bélgica, beata Eugenia Joubert, virgen de la Congregación de la Sagrada Familia del Sagrado Corazón, que consagró su vida a enseñar la doctrina cristiana a las niñas y, atacada por la tisis, con amor siguió a Cristo paciente (1904).