lunes, 25 de septiembre de 2017

Lunes 30 octubre 2017, Lunes de la XXX semana del Tiempo Ordinario, feria (o misa por el fin de las guerras).

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001).


43. En todas las formas de describir imágenes celestes y acontecimientos mediante figuras humanas y cuando se expresan con términos concretos (lo que sucede con mucha frecuencia en el lenguaje bíblico) suelen conservar su fuerza cuando se traducen literalmente, como sucede en la Neovulgata con los términos "andar", "brazo", "dedo", "mano", "rostro" de Dios, "carne", "boca", "simiente", "visitar"; es mejor que estas expresiones no se desarrollen ni traduzcan mediante términos vernáculos más abstractos o vagos. Respecto a aquellos términos, como los traducidos en la Neovulgata por "anima" y "spiritus", se han de aplicar los principios indicados más arriba, en los nn. 40-41. Por lo tanto, hay que evitar que se sustituyan por un pronombre personal o un término más abstracto, a menos que, en algún caso, sea estrictamente necesario. Téngase en cuenta que una traducción literal de las expresiones llama poderosamente la atención, en la lengua vernácula, y por esta misma razón, suscita la curiosidad en el oyente y ofrece una oportunidad para la catequesis.

44. Para que la traducción pueda de forma más adecuada ser proclamada en la Liturgia, es preciso que se evite toda expresión ambigua al oído o compleja, que impida al oyente captar el sentido.

45. Además de lo que se dice en los Prenotandos del Ordo lectionum Missae, para preparar el Leccionario bíblico en lengua vernácula hay que tener en cuenta lo siguiente:

a) Los pasajes de la Sagrada Escritura citados en los Prenotandos deben ser completamente conformes con la traducción de esos mismos pasajes en las lecturas bíblicas contenidas en el Leccionario.

b) Los títulos que describen el argumento, antepuestos a las lecturas, deben mantener la traducción bíblica de la lectura, si en el Ordo lectionum Missae se da esa correspondencia.

c) Finalmente, las palabras prescritas por el Ordo lectionum Missae para el comienzo de cada lectura, denominadas "incipit", deben ajustarse todo lo posible a la traducción bíblica en lengua vernácula de donde se suelen tomar, y no seguir otras traducciones. Por lo que se refiere a aquellos elementos que no pertenecen al texto bíblico, se han de traducir cuidadosamente del latín a la lengua vernácula, al preparar los Leccionarios, a menos que la Conferencia de Obispos pidiera y consiguiera autorización previa de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos para disponer de otro modo el encabezamiento de las lecturas.

CALENDARIO

30 LUNES DE LA XXX SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5), Pf. común.
LECC.: vol. III-impar.
- Rom 8, 12-17. Habéis recibido un Espíritu de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».
- Sal 67. R. Nuestro Dios es un Dios que salva.
- Lc 13, 10-17. A esta, que es hija de Abrahán, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 31 de octubre, pág. 640.
CALENDARIOS: Familia Franciscana: Dedicación de la Iglesia propia (S).
León: Santos Claudio, Lupercio y Victorico, mártires (MO).
Zamora: San Martín Cid (MO).
Siervas de María: Beata María Guadalupe Ricart, virgen y mártir (MO).
Jesuitas: Beato Domingo Collins, religioso y mártir (ML).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: del XXX Domingo del Tiempo Ordinario (o de otro domingo del T. Ordinario).

Misa para el fin de las guerras:
EN TIEMPO DE GUERRA O DE DESORDEN TEMPORE BELLI VEL EVERSIONIS
Antífona de entrada Cf. Jr 29, 11-12. 14
Dice el Señor: «Tengo designios de paz y no de aflicción, me invocaréis y yo os escucharé, os congregaré sacándoos de los países y comarcas por donde os dispersé».
O bien: Sal 17, 5. 6. 7
Me cercaban olas mortales, me envolvían las redes del abismo; en el peligro invoqué al Señor, desde su templo él escuchó mi voz.
Antiphona ad introitum Jr 29, 11-12. 14
Dicit Dóminus: Ego cógito cogitatiónes pacis et non afflictiónis; invocábitis me, et ego exáudiam vos, et redúcam captivitátem vestram de cunctis locis.
Vel: Cf. Ps 17, 5-7
Circumdedérunt me gémitus mortis, dolóres inférni circumdedérunt me; et in tribulatióne mea invocávi Dóminum, et exaudívit de templo sancto suo vocem meam.
Oración colecta
Dios misericordioso y fuerte, que rechazas las guerras y humillas a los soberbios, aparta rápidamente de nosotros la destrucción y las lágrimas, para que todos podamos, en verdad, llamamos hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh, Dios, autor y amante de la paz, conocerte es vivir y servirte es reinar; protege de todas las hostilidades a los que te invocan, para que, quienes confiamos en tu protección, no temamos las armas de ningún enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus miséricors et fortis, qui bella cónteris deprimísque supérbos, immanitátes a nobis et lácrimas dignáre festinánter arcére, ut omnes in veritáte tui nominári fílii mereámur. Per Dóminum.
Vel:
Deus, auctor pacis et amátor, quem nosse vívere, cui servíre regnáre est, prótege ab ómnibus impugnatiónibus súpplices tuos, ut, qui in defensióne tua confídimus, nullíus hostilitátis arma timeámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XXX semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Rom 8, 12-17
Habéis recibido un Espíritu de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!»

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 67, 2 y 4. 6-7ab. 20-21 (R.: 21a)
R.
Nuestro Dios es un Dios que salva. Deus noster, Deus ad salvándum.

V. Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría. R.
Nuestro Dios es un Dios que salva. Deus noster, Deus ad salvándum.

V. Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.
Nuestro Dios es un Dios que salva. Deus noster, Deus ad salvándum.

V. Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.
Nuestro Dios es un Dios que salva. Deus noster, Deus ad salvándum.

Aleluya Cf. Jn 17, 17b.a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. R. Sermo tuus, Dómine, véritas est; sanctífica nos in veritáte.

EVANGELIO Lc 13, 10-17
A esta, que es hija de Abrahán, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
«Mujer, quedas libre de tu enfermedad».
Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente:
«Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».
Pero el Señor le respondió y dijo:
«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?
Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».
Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, homilía en santa Marta 24 de octubre de 2016
No es fácil caminar en la Ley del Señor sin caer en la rigidez. Pidamos al Señor por nuestros hermanos y hermanas que creen que caminar en la Ley del Señor es volverse rígidos. Que el Señor les haga sentir que Él es Padre y que le gusta la misericordia, la ternura, la bondad, la mansedumbre, la humildad. Y que a todos nos enseñe a caminar en la Ley del Señor con esas actitudes.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VI
294. Pidamos, hermanos, a Dios nuestro Padre, e cuyas manos están los destinos del universo, que escuche las oraciones de su pueblo.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea fiel a la voluntad de Cristo y se purifique de sus faltas y debilidades. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones: para que trabajen por la paz del mundo, a fin de que todos los pueblos puedan vivir y progresar en justicia, en paz y en libertad. Roguemos al Señor.
- Por los pobres y los afligidos, por los enfermos y los moribundos, y por todos los que sufren: para que encuentren el consuelo y la salud. Roguemos al Señor.
- Por todos los que estamos aquí reunidos: para que perseveremos en la verdadera fe y crezcamos siempre en la caridad. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que por tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo nos has dado el conocimiento de tu verdad: mira con bondad al pueblo que te suplica, líbralo de toda ignorancia y de todo pecado para que llegue a la gloria del reino eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recuerda, Señor, a tu Hijo, que es la paz misma que con su Sangre hizo desaparecer nuestros odios, y, al mirar compasivo nuestros males, haz que este sacrificio devuelva la paz y la calma a los hombres que amas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Memoráre, Dómine, Fílium tuum, qui est ipse pax, ódia nostra suo Sánguine peremísse, et, mala nostra propitiátus aspíciens, da, ut homínibus quos díligis pacem haec hóstia cum tranquillitáte restítuat. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA DE LA RECONCILIACIÓN II. PREX EUCHARISTICA DE RECONCILIATIONE II.
Antífona de la comunión Cf. Jn 14, 27
La paz os dejo, mi paz os doy, dice el Señor; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde.
Antiphona ad communionem Jn 14, 27
Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis, dicit Dóminus; non quómodo mundus dat, ego do vobis. Non turbétur cor vestrum neque formídet.
Oración después de la comunión
Alimentados gratamente, Señor, con el pan único que conforta el corazón del hombre, concédenos superar felizmente la violencia de la guerra y observar fielmente tu ley de justicia y de amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Uno pane, qui cor hóminis confírmat, suáviter satiátis, da nobis, Dómine, et belli furóres superáre felíciter, et tuam amóris ac iustítiae legem fírmiter custodíre. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 31 de octubre

1. En Alejandría, en Egipto, san Epimáco de Pelusio, mártir, del cual cuenta la tradición que, en tiempo de la persecución bajo el emperador Decio, al ver como el prefecto obligaba a los cristianos a ofrecer sacrificios a los ídolos, intentó destruir el ara, siendo inmediatamente detenido, torturado y degollado (c. 250).
2. Cerca de la ciudad de Vermand, en la Galia Bélgica, san Quintín, mártir, del orden senatorial, que padeció por Cristo el tiempo del emperador Maximiano (s. III).
3*. Cerca de Fosses, en Brabante, de Austrasia, san Foilán, presbítero y abad, que, nacido en Hibernia y hermano y compañero de san Fursei, fue siempre fiel a la disciplina monástica de su patria, fundó monasterios dobles, de monjes y monjas, en Fosse y en Nivelles, y en un viaje entre los dos cayó en manos de malhechores, que lo asesinaron (c. 655).
4. En Milán, de la Lombardía, san Antonino, obispo, que trabajó esforzadamente para acabar con la herejía arriana de los lombardos (c. 661).
5. En Ratisbona (Regensburg), de Baviera, san Wolfgango, obispo, que, después de ser maestro de escuela y haber profesado como monje, fue elevado a la sede episcopal, instaurando la disciplina del clero, y mientras visitaba la región de Pupping descansó en el Señor (994).
6*. En Cahors, de Aquitania, beato Cristóbal de Romagna, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, enviado por san Francisco, después de muchos trabajos en favor de las almas murió ya centenario (1272).
7*. En Rieti, en la Sabina, beato Tomás de Florencia Bellaci, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que, enviado a Tierra Santa y Etiopía, a causa de Cristo sufrió cautividad y pruebas de toda clase por parte de los infieles y, habiendo vuelto a su patria, casi centenario descansó en paz (1447).
8*. En Youghal, cerca de Cork, en Irlanda, beato Domingo Collins, religioso de la Compañía de Jesús y mártir, el cual, después de estar encarcelado largo tiempo padeciendo interrogatorios y torturas, confesó constantemente su fe católica, consumando su martirio al ser ahorcado (1602).
9. En la ciudad de Palma, en la isla de Mallorca, san Alfonso Rodríguez, que, al perder su esposa e hijos, entró como religioso en la Compañía de Jesús y estuvo como portero del colegio de aquella ciudad durante largos años, mostrando una gran humildad, obediencia y constancia en una vida penitente (1617).
10*. En la localidad de Piotrkow Kujawski, en Polonia, beato León Nowakowski, presbítero y mártir, que, durante la ocupación militar de Polonia, por su fe fue fusilado a manos de un régimen contrario a Dios (1939).

domingo, 24 de septiembre de 2017

Domingo 29 octubre 2017, XXX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001).


40. Mantenidos los principios de una sana exégesis, se debe cuidar diligentemente que los pasajes bíblicos utilizados comúnmente en la catequesis y en las oraciones de devoción popular, conserven las mismas palabras. Por otra parte, hay que esforzarse para no introducir conjuntos de palabras o estilos que puedan fácilmente confundir al pueblo católico con el modo de hablar propio de comunidades eclesiales no católicas, o de otras religiones, evitando de esta forma la confusión o el malestar.

41. Es conveniente trabajar para que las traducciones reflejen correctamente el sentido de los pasajes bíblicos, transmitido por el uso litúrgico y la tradición de los Padres de la Iglesia, sobre todo cuando se trata de textos de especial importancia, como los salmos y las lecturas propias de las celebraciones principales del año litúrgico. En estos casos es necesario conseguir, con gran diligencia, que la traducción exprese el sentido cristológico, tipológico o espiritual, según la tradición recibida, y, al mismo tiempo, ha de manifestar la unidad y la conexión entre ambos Testamentos (34). Por lo cual:

a) Es conveniente seguir la Neovulgata cuando haya que elegir, entre diversas posibilidades de traducción, ya que esta es la más adecuada para expresar el modo en que dicho texto ha sido leído y recibido en la tradición litúrgica latina.

b) Para conseguir estos propósitos, recúrrase también, a las antiguas versiones de las Sagradas Escrituras, como la versión griega del Antiguo Testamento, comúnmente llamada "de los Setenta", que fue empleada por los cristianos, ya desde los primeros tiempos de la Iglesia (35).

c) Según una tradición inmemorial recibida, que ya aparece en la citada versión "de los Setenta", el nombre de Dios omnipotente, expresado en hebreo con el tetragrama sagrado, y en latín con el término "Dominus", se debe traducir en toda lengua vernácula, con un término del mismo significado.

Por último, se recuerda vivamente a los traductores que deben, tener en cuenta la historia de la interpretación: desde las citas de pasajes bíblicos, contenidas en los escritos de los Padres de la Iglesia, o, también, desde de las imágenes bíblicas usadas con más frecuencia en el arte y en la himnodia cristiana.

42. Aunque se debe evitar oscurecer el contexto histórico de los pasajes bíblicos, el traductor debe tener en cuenta que la palabra de Dios, proclamada en la liturgia, no es un documento meramente histórico. El texto bíblico no trata sólo de hombres ilustres y de acontecimientos del Antiguo y del Nuevo Testamento, sino también de los misterios de la salvación, y se dirige a los fieles de nuestra época y a su vida. Mantenida siempre la norma de fidelidad al texto original, cuando algún término o locución dé la posibilidad de varias traducciones, se debe elegir aquella que permita al oyente reconocerse a sí mismo y a su propia vida, lo más vívidamente posible, en las personas y acontecimientos propuestos en el texto.

[34] Cfr. Officium Divinum, Liturgia Horarum iuxta Ritum romanum, editio tipica altera 1985: Institución General de Liturgia Horarum, nn. 100-109.
[35] Concilio Vaticano II, Const. Dei Verbum, n. 22.


CALENDARIO

29 + XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. I (A).
- Éx 22, 20-26. Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
- Sal 17. R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
- 1 Tes 1, 5c-10. Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
- Mt 22, 34-40. Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

«Concédenos amar tus preceptos para conseguir tus promesas» (orac. colecta). Y sus preceptos son los mandamientos de la Ley de Dios que Jesús nos enseña a guardar en el Evangelio. Y se resumen en «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» —el principal y primero— y «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y como modelo de ese amor, Cristo mismo que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros. Y nosotros debemos amarnos unos a otros, como Él nos ha amado. Si esto falta, nuestro amor a Dios no es verdadero. La Eucaristía, en la que Cristo sigue entregándose por nosotros, es la fuente donde bebemos el amor de Dios.

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 30 de octubre, pág. 639.
CALENDARIOS: Girona-ciudad: San Narciso, mártir (S).
León-ciudad: San Marcelo, mártir (S).
Ávila: Aniversario de la muerte de Mons. Maximino Romero de Lema, obispo, emérito (1996).

TEXTOS MISA

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINICA XXX PER ANNUM
Antífona de entrada Sal 104, 3-4
Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 104, 3-4
Laetétur cor quaeréntium Dóminum. Quaerite Dóminum, et confirmámini, quaerite fáciem eius semper.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excelsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y, para que merezcamos conseguir lo que prometes, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, da nobis fídei, spei et caritátis augméntum, et, ut mereámur ássequi quod promíttis, fac nos amáre quod praecipis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del XXX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

PRIMERA LECTURA Éx 22, 20-26
Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros

Lectura del libro del Éxodo.

Esto dice el Señor:
«No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab (R.: 2)
R.
Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitudo mea.

V. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.
Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitudo mea.

V. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R.
Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitudo mea.

V. Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R.
Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitudo mea.

SEGUNDA LECTURA 1 Tes 1, 5c-10
Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

Hermanos:
Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Jn 14, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. El que me ama guardará mi palabra –dice el Señor–, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R. Si quis díligit me, sermónem meum servábit, dicit Dóminus; et Pater meus díliget eum, et ad eum veniémus.

EVANGELIO Mt 22, 34-40
Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a
prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
ÁNGELUS, Domingo 26 de octubre de 2014
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo. El evangelista Mateo relata que algunos fariseos se pusieron de acuerdo para poner a prueba a Jesús (cf. Mt 22, 34-35). Uno de ellos, un doctor de la ley, le hizo esta pregunta: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?" (v. 36). Jesús, citando el libro del Deuteronomio, le dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero" (vv. 37-38). Y hubiese podido detenerse aquí. En cambio, Jesús añadió algo que no le había preguntado el doctor de la ley. Dijo: "El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (v. 39). Tampoco este segundo mandamiento Jesús lo inventa, sino que lo toma del libro del Levítico. Su novedad consiste precisamente en poner juntos estos dos mandamientos –el amor a Dios y el amor al prójimo– revelando que ellos son inseparables y complementarios, son las dos caras de una misma medalla. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. El Papa Benedicto nos dejó un bellísimo comentario al respecto en su primera encíclica Deus caritas est( nn. 16-18).
En efecto, el signo visible que el cristiano puede mostrar para testimoniar al mundo y a los demás, a su familia, el amor de Dios es el amor a los hermanos. El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero no porque está en la cima de la lista de los mandamientos. Jesús no lo puso en el vértice, sino en el centro, porque es el corazón desde el cual todo debe partir y al cual todo debe regresar y hacer referencia.
Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de hacerse cargo de las personas más débiles, como el extranjero, el huérfano, la viuda (cf. Ex 22, 20-26). Jesús conduce hacia su realización esta ley de alianza, Él que une en sí mismo, en su carne, la divinidad y la humanidad, en un único misterio de amor.
Ahora, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. Ya no podemos separar la vida religiosa, la vida de piedad del servicio a los hermanos, a aquellos hermanos concretos que encontramos. No podemos ya dividir la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la proximidad a su vida, especialmente a sus heridas. Recordad esto: el amor es la medida de la fe. ¿Cuánto amas tú? Y cada uno se da la respuesta. ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor.
En medio de la tupida selva de preceptos y prescripciones –a los legalismos de ayer y de hoy– Jesús abre una brecha que permite distinguir dos rostros: el rostro del Padre y el del hermano. No nos entrega dos fórmulas o dos preceptos: no son preceptos y fórmulas; nos entrega dos rostros, es más, un solo rostro, el de Dios que se refleja en muchos rostros, porque en el rostro de cada hermano, especialmente en el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado, está presente la imagen misma de Dios. Y deberíamos preguntarnos, cuando encontramos a uno de estos hermanos, si somos capaces de reconocer en él el rostro de Dios: ¿somos capaces de hacer esto?
De este modo Jesús ofrece a cada hombre el criterio fundamental sobre el cual edificar la propia vida. Pero Él, sobre todo, nos donó el Espíritu Santo, que nos permite amar a Dios y al prójimo como Él, con corazón libre y generoso. Por intercesión de María, nuestra Madre, abrámonos para acoger este don del amor, para caminar siempre en esta ley de los dos rostros, que son un rostro solo: la ley del amor.

Del Papa Benedicto XVI
Homilía en la Misa conclusiva del Sínodo de los obispos
Basílica Vaticana. Domingo 26 de octubre de 2008
Hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:
La Palabra del Señor, que se acaba de proclamar en el Evangelio, nos ha recordado que el amor es el compendio de toda la Ley divina. El evangelista san Mateo narra que los fariseos, después de que Jesús respondiera a los saduceos dejándolos sin palabras, se reunieron para ponerlo a prueba (cf. Mt 22, 34-35). Uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?" (Mt 22, 36). La pregunta deja adivinar la preocupación, presente en la antigua tradición judaica, por encontrar un principio unificador de las diversas formulaciones de la voluntad de Dios. No era una pregunta fácil, si tenemos en cuenta que en la Ley de Moisés se contemplan 613 preceptos y prohibiciones. ¿Cómo discernir, entre todos ellos, el mayor? Pero Jesús no titubea y responde con prontitud: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento" (Mt 22, 37-38).
En su respuesta, Jesús cita el Shemá, la oración que el israelita piadoso reza varias veces al día, sobre todo por la mañana y por la tarde (cf. Dt 6, 4-9; Dt 11, 13-21; Nm 15, 37-41): la proclamación del amor íntegro y total que se debe a Dios, como único Señor. Con la enumeración de las tres facultades que definen al hombre en sus estructuras psicológicas profundas: corazón, alma y mente, se pone el acento en la totalidad de esta entrega a Dios. El término mente, diánoia, contiene el elemento racional. Dios no es solamente objeto del amor, del compromiso, de la voluntad y del sentimiento, sino también del intelecto, que por tanto no debe ser excluido de este ámbito. Más aún, es precisamente nuestro pensamiento el que debe conformarse al pensamiento de Dios.
Sin embargo, Jesús añade luego algo que, en verdad, el doctor de la ley no había pedido: "El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22, 39). El aspecto sorprendente de la respuesta de Jesús consiste en el hecho de que establece una relación de semejanza entre el primer mandamiento y el segundo, al que define también en esta ocasión con una fórmula bíblica tomada del código levítico de santidad (cf. Lv 19, 18). De esta forma, en la conclusión del pasaje los dos mandamientos se unen en el papel de principio fundamental en el que se apoya toda la Revelación bíblica: "De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas" (Mt 22, 40).
La página evangélica sobre la que estamos meditando subraya que ser discípulos de Cristo es poner en práctica sus enseñanzas, que se resumen en el primero y mayor de los mandamientos de la Ley divina, el mandamiento del amor. También la primera Lectura, tomada del libro del Éxodo, insiste en el deber del amor, un amor testimoniado concretamente en las relaciones entre las personas: tienen que ser relaciones de respeto, de colaboración, de ayuda generosa. El prójimo al que debemos amar es también el forastero, el huérfano, la viuda y el indigente, es decir, los ciudadanos que no tienen ningún "defensor". El autor sagrado se detiene en detalles particulares, como en el caso del objeto dado en prenda por uno de estos pobres (cf. Ex 22, 25-26). En este caso es Dios mismo quien se hace cargo de la situación de este prójimo.
En la segunda Lectura podemos ver una aplicación concreta del mandamiento supremo del amor en una de las primeras comunidades cristianas. San Pablo, escribiendo a los Tesalonicenses, les da a entender que, aunque los conozca desde hace poco, los aprecia y los lleva con cariño en su corazón. Por este motivo los señala como "modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya" (1Ts 1, 7). Por supuesto, no faltan debilidades y dificultades en aquella comunidad fundada hacía poco tiempo, pero el amor todo lo supera, todo lo renueva, todo lo vence: el amor de quien, consciente de sus propios límites, sigue dócilmente las palabras de Cristo, divino Maestro, transmitidas a través de un fiel discípulo suyo.
"Vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor -escribe san Pablo-, acogiendo la Palabra en medio de grandes pruebas". "Partiendo de vosotros -prosigue el Apóstol-, ha resonado la Palabra del Señor y vuestra fe en Dios se ha difundido no sólo en Macedonia y en Acaya, sino por todas partes" (1Ts 1, 6.8). La lección que sacamos de la experiencia de los Tesalonicenses, experiencia que en verdad se realiza en toda auténtica comunidad cristiana, es que el amor al prójimo nace de la escucha dócil de la Palabra divina. Es un amor que acepta también pruebas duras por la verdad de la Palabra divina; y precisamente así crece el amor verdadero y la verdad brilla con todo su esplendor. ¡Qué importante es, por tanto, escuchar la Palabra y encarnarla en la existencia personal y comunitaria!
En esta celebración eucarística, con la que concluyen los trabajos sinodales, advertimos de manera singular el especial vínculo que existe entre la escucha amorosa de la Palabra de Dios y el servicio desinteresado a los hermanos. ¡Cuántas veces, durante los días pasados, hemos escuchado experiencias y reflexiones que ponen de relieve la necesidad, hoy cada vez mayor, de escuchar más íntimamente a Dios, de conocer más profundamente su Palabra de salvación, de compartir más sinceramente la fe que se alimenta constantemente en la mesa de la Palabra divina!
Queridos y venerados hermanos, gracias por la contribución que cada uno de vosotros ha dado a la profundización del tema del Sínodo: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Os saludo a todos con afecto. Dirijo un saludo especial a los señores cardenales presidentes delegados del Sínodo y al secretario general, a quienes agradezco su constante dedicación. Os saludo a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que habéis venido de todos los continentes aportando vuestra enriquecedora experiencia. Cuando regreséis a casa, transmitid a todos el saludo afectuoso del Obispo de Roma. Saludo a los delegados fraternos, a los expertos, a los auditores y a los invitados especiales, a los miembros de la Secretaría general del Sínodo y a los que se han ocupado de las relaciones con la prensa.
Un recuerdo especial va a los obispos de China continental, que no han podido estar representados en esta Asamblea sinodal. Deseo hacerme aquí el intérprete -dando gracias a Dios- de su amor a Cristo, de su comunión con la Iglesia universal y de su fidelidad al Sucesor del apóstol san Pedro. Están presentes en nuestras oraciones, junto con todos los fieles que han sido encomendados a sus cuidados pastorales. Pidamos al "Pastor supremo" de la grey (1P 5, 4) que les dé alegría, fuerza y celo apostólico para guiar con sabiduría y clarividencia a la comunidad católica que está en China, tan querida por todos nosotros.
Todos los que hemos participado en los trabajos sinodales llevamos la renovada conciencia de que la tarea prioritaria de la Iglesia, al inicio de este nuevo milenio, consiste ante todo en alimentarse de la Palabra de Dios, para hacer eficaz el compromiso de la nueva evangelización, del anuncio en nuestro tiempo. Ahora es necesario que esta experiencia eclesial sea llevada a todas las comunidades; es preciso que se comprenda la necesidad de traducir en gestos de amor la Palabra escuchada, porque sólo así se vuelve creíble el anuncio del Evangelio, a pesar de las fragilidades humanas que marcan a las personas. Esto exige, en primer lugar, un conocimiento más íntimo de Cristo y una escucha siempre dócil de su Palabra.
En este Año paulino, haciendo nuestras las palabras del Apóstol: "Ay de mí si no predicara el Evangelio" (1Co 9, 16), deseo de corazón que en cada comunidad se sienta con una convicción más fuerte este anhelo de san Pablo como vocación al servicio del Evangelio para el mundo. Al inicio de los trabajos sinodales recordé la llamada de Jesús: "La mies es mucha" (Mt 9, 37), llamada a la cual nunca debemos cansarnos de responder, a pesar de las dificultades que podamos encontrar. Mucha gente está buscando, a veces incluso sin darse cuenta, el encuentro con Cristo y con su Evangelio; muchos sienten la necesidad de encontrar en él el sentido de su vida. Por tanto, dar un testimonio claro y compartido de una vida según la Palabra de Dios, atestiguada por Jesús, se convierte en un criterio indispensable de verificación de la misión de la Iglesia.
Las lecturas que la liturgia ofrece hoy a nuestra meditación nos recuerdan que la plenitud de la Ley, como la de todas las Escrituras divinas, es el amor. Por eso, quien cree haber comprendido las Escrituras, o por lo menos alguna parte de ellas, sin comprometerse a construir, mediante su inteligencia, el doble amor a Dios y al prójimo, demuestra en realidad que está todavía lejos de haber captado su sentido profundo. Pero, ¿cómo poner en práctica este mandamiento?, ¿cómo vivir el amor a Dios y a los hermanos sin un contacto vivo e intenso con las Sagradas Escrituras?
El concilio Vaticano II afirma que "los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura" (Dei verbum, 22) para que las personas, cuando encuentren la verdad, puedan crecer en el amor auténtico. Se trata de un requisito que hoy es indispensable para la evangelización. Y, ya que el encuentro con la Escritura a menudo corre el riesgo de no ser "un hecho" de Iglesia, sino que está expuesto al subjetivismo y a la arbitrariedad, resulta indispensable una promoción pastoral intensa y creíble del conocimiento de la Sagrada Escritura, para anunciar, celebrar y vivir la Palabra en la comunidad cristiana, dialogando con las culturas de nuestro tiempo, poniéndose al servicio de la verdad y no de las ideologías del momento e incrementando el diálogo que Dios quiere tener con todos los hombres (cf. ib., 21).
Con esta finalidad es preciso prestar atención especial a la preparación de los pastores, que luego dirigirán la necesaria acción de difundir la práctica bíblica con los subsidios oportunos. Es preciso estimular los esfuerzos que se están llevando a cabo para suscitar el movimiento bíblico entre los laicos, la formación de animadores de grupos, con especial atención hacia los jóvenes. Debe sostenerse el esfuerzo por dar a conocer la fe a través de la Palabra de Dios, también a los "alejados" y especialmente a los que buscan con sinceridad el sentido de la vida.
Se podrían añadir otras muchas reflexiones, pero me limito, por último, a destacar que el lugar privilegiado en el que resuena la Palabra de Dios, que edifica la Iglesia, como se dijo en el Sínodo, es sin duda la liturgia. En la liturgia se pone de manifiesto que la Biblia es el libro de un pueblo y para un pueblo; una herencia, un testamento entregado a los lectores, para que actualicen en su vida la historia de la salvación testimoniada en lo escrito. Existe, por tanto, una relación de recíproca y vital dependencia entre pueblo y Libro: la Biblia es un Libro vivo con el pueblo, su sujeto, que lo lee; el pueblo no subsiste sin el Libro, porque en él encuentra su razón de ser, su vocación, su identidad. Esta mutua dependencia entre pueblo y Sagrada Escritura se celebra en cada asamblea litúrgica, la cual, gracias al Espíritu Santo, escucha a Cristo, ya que es él quien habla cuando en la Iglesia se lee la Escritura y se acoge la alianza que Dios renueva con su pueblo. Así pues, Escritura y liturgia convergen en el único fin de llevar al pueblo al diálogo con el Señor y a la obediencia a su voluntad. La Palabra que sale de la boca de Dios y que testimonian las Escrituras regresa a él en forma de respuesta orante, de respuesta vivida, de respuesta que brota del amor (cf. Is 55, 10-11).
Queridos hermanos y hermanas, oremos para que de la escucha renovada de la Palabra de Dios, bajo la acción del Espíritu Santo, brote una auténtica renovación de la Iglesia universal en todas las comunidades cristianas. Encomendemos los frutos de esta Asamblea sinodal a la intercesión materna de la Virgen María. A ella le encomiendo también la II Asamblea especial del Sínodo para África, que tendrá lugar en Roma en octubre del año próximo. Tengo la intención de ir a Camerún, en el próximo mes de marzo, para entregar a los representantes de las Conferencias episcopales de África el Instrumentum laboris de esa Asamblea sinodal. De allí proseguiré, Dios mediante, hacia Angola para celebrar solemnemente el V centenario de la evangelización de ese país. María santísima, que ofreció su vida como "esclava del Señor" para que todo se cumpliera en conformidad con la divina voluntad (cf. Lc 1, 38) y que exhortó a hacer todo lo que dijera Jesús (cf. Jn 2, 5), nos enseñe a reconocer en nuestra vida el primado de la Palabra, la única que nos puede dar la salvación. Así sea.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica
Ciclo A. Trigésimo domingo del Tiempo Ordinario.
Los Diez Mandamientos interpretados a través de un doble amor
"Maestro, ¿qué he de hacer… ?"
2052 "Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?" Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como "el único Bueno", como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos". Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre". Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 19, 16-19).
2053 A esta primera respuesta se añade una segunda: "Si quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mt 19, 21). Esta respuesta no anula la primera. El seguimiento de Jesucristo comprende el cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida (cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la Persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En los tres evangelios sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al joven rico, de seguirle en la obediencia del discípulo, y en la observancia de los preceptos, es relacionada con el llamamiento a la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6 - 12. 21. 23-29). Los consejos evangélicos son inseparables de los mandamientos.
2054 Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Predicó la "justicia que sobrepasa la de los escribas y fariseos" (Mt 5, 20), así como la de los paganos (cf Mt 5, 46-47). Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos: "habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás… Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal" (Mt 5, 21-22).
2055 Cuando le hacen la pregunta "¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?" (Mt 22, 36), Jesús responde: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas" (Mt 22, 37-40; cf Dt 6, 5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:
"En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud" (Rm 13, 9–10).
El Decálogo en la Sagrada Escritura
2056 La palabra "Decálogo" significa literalmente "diez palabras" (Ex 34, 28; Dt 4, 13; Dt 10, 4). Estas "diez palabras" Dios las reveló a su pueblo en la montaña santa. Las escribió "con su Dedo" (Ex 31, 18; Dt 5, 22), a diferencia de los otros preceptos escritos por Moisés (cf Dt 31, 9. 24). Constituyen palabras de Dios en un sentido eminente. Son trasmitidas en los libros del Exodo (cf Ex 20, 1-17) y del Deuteronomio (cf Dt 5, 6-22). Ya en el Antiguo Testamento, los libros santos hablan de las "diez palabras" (cf por ejemplo, Os 4, 2; Jr 7, 9; Ez 18, 5 - 9); pero es en la nueva Alianza en Jesucristo donde será revelado su pleno sentido.
2057 El Decálogo se comprende mejor cuando se lee en el contexto del Exodo, que es el gran acontecimiento liberador de Dios en el centro de la antigua Alianza. Las "diez palabras", bien sean formuladas como preceptos negativos, prohibiciones o bien como mandamientos positivos (como "honra a tu padre y a tu madre"), indican las condiciones de una vida liberada de la esclavitud del pecado. El Decálogo es un camino de vida:
"Si amas a tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, sus preceptos y sus normas, vivirás y te multiplicarás" (Dt 30, 16).
Esta fuerza liberadora del Decálogo aparece, por ejemplo, en el mandamiento del descanso del sábado, destinado también a los extranjeros y a los esclavos:
"Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y con tenso brazo" (Dt 5, 15).
2058 Las "diez palabras" resumen y proclaman la ley de Dios: "Estas palabras dijo el Señor a toda vuestra asamblea, en la montaña, de en medio del fuego, la nube y la densa niebla, con voz potente, y nada más añadió. Luego las escribió en dos tablas de piedra y me las entregó a mí" (Dt 5, 22). Por eso estas dos tablas son llamadas "el Testimonio" (Ex 25, 16), pues contienen las cláusulas de la Alianza establecida entre Dios y su pueblo. Estas "tablas del Testimonio" (Ex 31, 18; Ex 32, 15; Ex 34, 29) se deben depositar en el "arca" (Ex 25, 16; Ex 40, 1 - 2).
2059 Las "diez palabras" son pronunciadas por Dios dentro de una teofanía ("el Señor os habló cara a cara en la montaña, en medio del fuego": Dt 5, 4). Pertenecen a la revelación que Dios hace de sí mismo y de su gloria. El don de los mandamientos es don de Dios y de su santa voluntad. Dando a conocer su voluntad, Dios se revela a su pueblo.
2060 El don de los mandamientos de la ley forma parte de la Alianza sellada por Dios con los suyos. Según el libro del Exodo, la revelación de las "diez palabras" es concedida entre la proposición de la Alianza (cf Ex 19) y su conclusión (cf. Ex 24), después que el pueblo se comprometió a "hacer" todo lo que el Señor había dicho y a "obedecerlo" (Ex 24, 7). El Decálogo es siempre transmitido tras el recuerdo de la Alianza ("el Señor, nuestro Dios, estableció con nosotros una alianza en Horeb": Dt 5, 2).
El Decálogo en la Tradición de la Iglesia
2064 Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación primordiales.
2065 Desde S. Agustín, los "diez mandamientos" ocupan un lugar preponderante en la catequesis de los futuros bautizados y de los fieles. En el siglo quince se tomó la costumbre de expresar los preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas, fáciles de memorizar, y positivas. Estas fórmulas están todavía en uso hoy. Los catecismos de la Iglesia han expuesto con frecuencia la moral cristiana siguiendo el orden de los "diez mandamientos".
2066 La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. El presente catecismo sigue la división de los mandamientos establecida por S. Agustín y que se hizo tradicional en la Iglesia católica. Es también la de las confesiones luteranas. Los Padres griegos realizaron una división algo distinta que se encuentra en las Iglesias ortodoxas y las comunidades reformadas.
2067 Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otros siete más al amor del prójimo.
"Como la caridad comprende dos preceptos en los que el Señor condensa toda la ley y los profetas… , así los diez preceptos se dividen en dos tablas: tres están escritos en una tabla y siete en la otra" (S. Agustín, serm. 33, 2, 2).
2068 El Concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos (cf DS 1569-70). Y el Concilio Vaticano II lo afirma: "Los obispos, como sucesores de los apóstoles, reciben del Señor… la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación" (LG 24).
La unidad del Decálogo
2069 El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las "diez palabras" remite a cada una de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, sus criaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.
El Decálogo y la ley natural
2070 Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto, indirectamente los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la "ley natural":
"Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo" (S. Ireneo, haer. 4, 15, 1).
2071 Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación:
"En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y la desviación de la voluntad" (S. Buenaventura, sent. 4, 37, 1, 3).
Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral.
La obligación del Decálogo
2072 Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están gravados por Dios en el corazón del ser humano.
2073 La obediencia a los mandamientos implica también obligaciones cuya materia es en sí misma leve. Así, la injuria en palabra está prohibida por el quinto mandamiento, pero sólo podría ser una falta grave en función de las circunstancias o de la intención del que la profiere.
"Sin mí no podéis hacer nada"
2074 Jesús dice: "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada" (Jn 15, 5). El fruto evocado en estas palabras es la santidad de una vida fecundada por la unión con Cristo. Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo ama en nosotros a su Padre y a sus hermanos, nuestro Padre y nuestros hermanos. Su persona viene a ser, por obra del Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar. "Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 15, 12).
La acción moral es la respuesta a la iniciativa del amor de Dios
2061 Los mandamientos reciben su plena significación en el interior de la Alianza. Según la Escritura, el obrar moral del hombre adquiere todo su sentido en y por la Alianza. La primera de las "diez palabras" recuerda el amor primero de Dios hacia su pueblo:
"Como había habido, en castigo del pecado, paso del paraíso de la libertad a la servidumbre de este mundo, por eso la primera frase del Decálogo, primera palabra de los mandamientos de Dios, se refiere a la libertad: "yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre" (Ex 20, 2; Dt 5, 6)" (Orígenes, hom. in Ex 8, 1).
2062 Los mandamientos propiamente dichos vienen en segundo lugar. Expresan las implicaciones de la pertenencia a Dios instituida por la Alianza. La existencia moral es respuesta a la iniciativa amorosa del Señor. Es reconocimiento, homenaje a Dios y culto de acción de gracias. Es cooperación al plan que Dios realiza en la historia.
2063 La alianza y el diálogo entre Dios y el hombre están también confirmados por el hecho de que todas las obligaciones se enuncian en primera persona ("Yo soy el Señor… ") y están dirigidas a otro sujeto ("tú"). En todos los mandamientos de Dios hay un pronombre personal singular que designa el destinatario. Al mismo tiempo que a todo el pueblo, Dios da a conocer su voluntad a cada uno en particular:
"El Señor prescribió el amor a Dios y enseñó la justicia para con el prójimo a fin de que el hombre no fuese ni injusto, ni indigno de Dios. Así, por el Decálogo, Dios preparaba al hombre para ser su amigo y tener un solo corazón con su prójimo… Las palabras del Decálogo persisten también entre nosotros (cristianos). Lejos de ser abolidas, han recibido amplificación y desarrollo por el hecho de la venida del Señor en la carne" (S. Ireneo, haer. 4, 16, 3-4).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
234. Suba nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que quiere iluminar y salvar a todos los hombres.
- Por el Papa, los obispos, sacerdotes y por todo el pueblo fiel: para que ofrezcan siempre una vivencia renovada de su fe en Dios. Roguemos al Señor.
- Por los responsables del orden social y político: para que organicen la sociedad de tal manera que nadie quede marginado o despreciado. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren: para que Dios cure a los enfermos, anime a los oprimidos y tenga misericordia de los que han muerto. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que acojamos de corazón a todas aquellas personas que la sociedad considera extrañas o indeseables. Roguemos al Señor.
Oh Dios, que te complaces en los limpios y sinceros de corazón: concédenos amarte con la sinceridad de nuestras obras y así el mundo crea en ti y en tu enviado Jesucristo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Mira Señor, los dones que ofrecemos a tu majestad, para que redunde en tu mayor gloria cuanto se cumple con nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Réspice, quaesumus, Dómine, múnera quae tuae offérimus maiestáti, ut, quod nostro servítio géritur, ad tuam glóriam pótius dirigátur. Per Christum.
PREFACIO X DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO
El Día del Señor
En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este domingo.
Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu palabra y en la comunión del pan de vida único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE DOMINICIS PER ANNUM.
De mysterio paschali et de populo Dei.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Cuius hoc miríficum fuit opus per paschále mystérium, ut de peccáto et mortis iugo ad hanc glóriam vocarémur, qua nunc genus eléctum, regále sacerdótium, gens sancta et acquisitiónis pópulus dicerémur, et tuas annuntiarémus ubíque virtútes, qui nos de ténebris ad tuum admirábile lumen vocásti.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Cf. Sal 19, 6
Que nos alegremos en tu salvación y glorifiquemos el nombre de nuestro Dios.
O bien: Cf. Ef 5, 2
Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación de suave olor.
Antiphona ad communionem Cf. Ps 19, 6
Laetábimur in salutári tuo, et in nómine Dei nostri magnificábimur.
Vel: Eph 5, 2
Christus diléxit nos, et trádidit semetípsum pro nobis, oblatiónem Deo in odórem suavitátis.
Oración después de la comunión
Que tus sacramentos, Señor, efectúen en nosotros lo que expresan, para que obtengamos en la realidad lo que celebramos ahora sacramentalmente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Perfíciant in nobis, Dómine, quaesumus, tua sacraménta quod cóntinent, ut, quae nunc spécie gérimus, rerum veritáte capiámus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 30 de octubre

1. En Siracusa, de Sicilia, san Marciano, considerado como primer obispo de esta ciudad (s. II).
2. Conmemoración de san Serapión, obispo de Antioquía, célebre por su erudición y doctrina, que dejó gran fama de santidad (c. 211).
3. En Alejandría, de Egipto, santa Eutropia, mártir, que, por rehusar negar a Cristo, fue torturada cruelmente hasta la muerte (c. s. III).
4. En Tánger, de Mauritania, pasión de san Marcelo, centurión, que el día del cumpleaños del emperador, mientras los demás sacrificaban, se quitó las insignias de su función y las arrojó al pie de los estandartes, afirmando que por ser cristiano no podía seguir manteniendo el juramento militar, pues debía obedecer solamente a Cristo, e inmediatamente fue degollado, consumando así su martirio (298).
5. En la ciudad de León, en Hispania, santos Claudio, Lupercio y Victorio, mártires, que en la persecución bajo el emperador Diocleciano sufrieron la muerte por Cristo (c. 303/304).
6. En Cuma, de la Campania, san Máximo, mártir (c. 303).
7. En Capua, también en la Campania, san Germán, obispo, del que habla el papa san Gregorio I Magno en sus escritos (c. 540).
8. En Potenza, ciudad de la Lucania, san Gerardo, obispo (1122).
9*. En Cividale di Friuli, en la región de Venecia, beata Bienvenida Boiani, virgen, hermana de Penitencia de santo Domingo, que pasó toda su vida entregada a la oración y a la austeridad (1292).
10*. En Winchester, en Inglaterra, beato Juan Slade, mártir, que, por negar la competencia de la reina Isabel I en las cuestiones espirituales, fue ahorcado y descuartizado (1583).
11*. En Limerick, de Irlanda, muerte del beato Terencio Alberto O’Brien, obispo y mártir, de la Orden de Predicadores, que, nombrado para la sede de Emly, trabajó con empeño en favor de los afectados por la peste, pero, bajo el régimen de Oliver Cromwell, fue detenido por los soldados y conducido al patíbulo en odio a la fe católica (1651).
12*. En Acri, localidad de Calabria, beato Ángel de Acri, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que viajó por todo el reino de Nápoles predicando la Palabra de Dios en un estilo adaptado a la gente sencilla (1739).
13*. En la ciudad de Angers, en Francia, beato Juan Miguel Langevin, presbítero y mártir, degollado por razón de su sacerdocio, siendo el primero de una larga lista de más de ciento hombres y mujeres que, durante la Revolución Francesa, permanecieron unánimes y constantes en la confesión de la fe cristiana (1794).
14*. Cerca de Viena, de Austria, beata María Restituta (Hélena) Kafka, virgen de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Caridad Cristiana y mártir, la cual, nacida en Bohemia y de profesión enfermera, durante la guerra fue apresada por los enemigos de la fe y degollada (1943).
15*. En la localidad de Dolinka, cerca de Karaganda, en el Kazajstan, beato Alejo Zaryckyj, presbítero y mártir, que en un régimen contrario a Dios fue deportado a un campo de concentración, y en el combate por la fe alcanzó la vida eterna (1963).

sábado, 23 de septiembre de 2017

Sábado 28 octubre 2017, Santos Simón y Judas, apóstoles, fiesta.

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001).


37. Si la traducción bíblica desde la que se ha compuesto el Leccionario contiene lecturas que difieren del texto litúrgico latino, es oportuno recordar que se debe hacer referencia a la Neovulgata para establecer el texto canónico de las Sagradas Escrituras (32). Por lo tanto, en los textos deuterocanónicos y en otros lugares donde haya diversas tradiciones manuscritas, la traducción litúrgica es oportuno que se haga conforme a la tradición textual que ha seguido la Neovulgata. Si existe ya una traducción que ha elegido variantes distintas de las seguidas en la Neovulgata, en lo referente a la tradición textual subyacente, al orden de los versículos y otros aspectos similares, conviene que se remedie al preparar cualquier Leccionario, de manera que sea conforme al texto litúrgico latino aprobado. Al preparar las nuevas traducciones, será útil, aunque no es obligatorio, que la numeración de los versículos concuerde lo más posible con el texto de la Neovulgata.

38. Con frecuencia se concede el uso de la lectura de un versículo, con el apoyo de ediciones críticas y con la aprobación del consenso de los expertos. Sin embargo, esto no es lícito en el caso de los textos litúrgicos, donde se trata de elementos importantes, en el contexto litúrgico, o cuando, de cualquier otro modo, se rechazan los principios contenidos en esta Instrucción. Para aquellos lugares donde no hay consenso en la crítica textual, se debe atender especialmente a las opciones contenidas en el texto latino aprobado (33).

39. La extensión de las perícopas bíblicas se debe ajustar completamente al Ordo lectionum Missae u otros textos litúrgicos aprobados y confirmados, según sea el caso.

40. Mantenidos los principios de una sana exégesis, se debe cuidar diligentemente que los pasajes bíblicos utilizados comúnmente en la catequesis y en las oraciones de devoción popular, conserven las mismas palabras. Por otra parte, hay que esforzarse para no introducir conjuntos de palabras o estilos que puedan fácilmente confundir al pueblo católico con el modo de hablar propio de comunidades eclesiales no católicas, o de otras religiones, evitando de esta forma la confusión o el malestar.

[32] Cfr. Concilio de Trento, Sesión IV, 8 de abril de 1546, De libris sacris et de traditionibus recipiendis, y De vulgata editione Bibliorum et de modo interpretandi s. Scripturarum: Denz.-Schönm., Nn. 1501-1508; Papa Juan Pablo II, Apost. Const. Scripturarum thesaurus, 25 de abril de 1979: AAS 71 (1979) 558-559.
[33] Cfr. Papa Pablo VI, Discurso a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana, 23 de diciembre de 1966, n. 11: AAS 59 (1967) 53 - 54; cf. Discurso a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana, 22 de diciembre de 1977: AAS 70 (1978) 43; cf. Papa Juan Pablo II, Apost. Const. Scripturarum thesaurus, 25 de abril de 1979: AAS 71 (1979) 558; Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum, edición típica altera 1986, Praefatio ad Lectorem.

CALENDARIO

28 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SANTOS SIMÓN y JUDAS, apóstoles, fiesta


Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero apellidado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él» (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (rojo).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Pf. de los apóstoles. Conveniente PE I. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Ef 2, 19-22. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles.
- Sal 18. R. A toda la tierra alcanza su pregón.
- Lc 6, 12-19. Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles.

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de fiesta. Te Deum.

Martirologio: elogs. del 29 de octubre, pág. 637.
CALENDARIOS: San Sebastián: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José María Setién Alberro, obispo, emérito (1972).
Tui-Vigo: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José Diéguez Reboredo, obispo, emérito (1984).

28 SÁBADO. Después de la hora nona:
TRIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Segunda semana del salterio
Misa
vespertina del XXX Domingo del tiempo ordinario (verde).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero apellidado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él»

28 de octubre
SAN SIMÓN Y SAN JUDAS, APÓSTOLES
Fiesta
Die 28 octobris
SS. SIMONIS ET IUDAE, APOSTOLORUM
Festum
Antífona de entrada
Estos son los varones santos a quienes eligió el Señor amorosamente y les dio la gloria eterna.
Antiphona ad introitum
Isti sunt viri sancti, quos elégit Dóminus in caritáte non ficta, et dedit illis glóriam sempitérnam.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh, Dios, que nos concediste llegar al conocimiento de tu nombre por medio de los santos apóstoles, te rogamos que, por intercesión de san Simón y san Judas, la Iglesia siga creciendo siempre por el incremento de los pueblos que crean en ti. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui nos per beátos Apóstolos ad agnitiónem tui nóminis veníre tribuísti, intercedéntibus sanctis Simóne et Iuda, concéde propítius, ut semper augeátur Ecclésia increméntis in te credéntium populórum. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias de la fiesta de los santos Simón y Judas, apóstoles (Lec. IV).

PRIMERA LECTURA Ef 2, 19-22
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 18, 2-3. 4-5 (R.: 5a)
R.
A toda la tierra alcanza su pregón. In omnem terram exívit sonus eórum.

V. El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.
A toda la tierra alcanza su pregón. In omnem terram exívit sonus eórum.

V. Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.
A toda la tierra alcanza su pregón. In omnem terram exívit sonus eórum.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos; a ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, Señor. R.
Te Deum laudámus, te Dóminum confitémur; te gloriósus Apostolórum chorus laudat, Dómine.

EVANGELIO Lc 6, 12-19
Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
Gloria a ti, Señor.

En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, homilía en santa Marta, 9 de septiembre de 2014
¿Por qué somos "elegidos" como cristianos? La respuesta está en el amor de Dios. "El amor no mira si uno tiene la cara poco agraciada o la cara hermosa: ¡ama! Y Jesús hace lo mismo: ama y elige con amor. Y elige a todos". En su "lista" no hay personas importantes "según los criterios del mundo: hay gente común". El único elemento que los caracteriza a todos es que "son pecadores. Jesús eligió a los pecadores. Elige a los pecadores. Y esta es la acusación que le hacen los doctores de la ley, los escribas".
Pero Jesús es así y, por lo tanto, "llama a todos". Su criterio es el amor, como se ve claro desde que "nosotros, el día de nuestro Bautismo, hemos sido elegidos oficialmente". En esa elección "está el amor de Jesús". Él "me miró y me dijo: ¡tú!". 

Oración de los fieles
394. Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:
R. Escúchanos, Señor.
- Padre Santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, haz que también nosotros seamos sus testigos hasta los confines del mundo. R.
- Padre Santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Nueva a los pobres, haz que sepamos proclamar el Evangelio a todas las criaturas. R.
- Tú, que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la Palabra, danos también a nosotros sembrar tu semilla en nuestro trabajo para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia. R.
- Tú, que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres. R.
- Tú, que a tu Hijo le has sentado a tu derecha, admite a los difuntos en tu reino de felicidad. R.
Dios todopoderoso, por intercesión de tus apóstoles san Simón y san Judas, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Al venerar la gloria eterna de los santos apóstoles Simón y Judas, te pedimos, Señor, que recibas nuestras súplicas y nos dispongas para participar dignamente en estos sagrados misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Glóriam, Dómine, sanctórum apostolórum Simónis et Iudae perpétuam venerántes, quaesumus, ut vota nostra suscípias et ad sacra mystéria celebránda nos digne perdúcas. Per Christum.
PREFACIO I DE LOS APÓSTOLES
Los Apóstoles, pastores del pueblo de Dios.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tú, Pastor eterno, no abandonas nunca a tu rebaño, sino que por medio de los santos apóstoles lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guías a los mismos pastores a quienes tu Hijo estableció como enviados suyos.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE APOSTOLIS
De Apostolis pastoribus populi Dei
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui gregem tuum, Pastor aetérne, non déseris, sed per beátos Apóstolos contínua protectióne custódis, ut iísdem rectóribus gubernétur, quos Fílii tui vicários eídem contulísti praeésse pastóres.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Cf. Jn 14, 23
El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él, dice el Señor.
Antiphona ad communionem Jn 14,23
Si quis díligit me, sermónem meum servábit, dicit Dóminus; et Pater meus díliget eum, et ad eum veniémus, et mansiónem apud eum faciémus.
Oración después de la comunión
Después de participar en la comunión, movidos por el Espíritu Santo te pedimos, Señor, que cuanto hemos celebrado en recuerdo del martirio de los apóstoles Simón y Judas nos ayude a perseverar en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Percéptis, Dómine, sacraméntis, súpplices in Spíritu Sancto deprecámur, ut, quae pro apostolórum Simónis et Iudae veneránda gérimus passióne, nos in tua dilectióne consérvent. Per Christum.
Se puede utilizar la bendición solemne de los Apóstoles.
Dios que os ha edificado sobre el cimiento de los apóstoles, por la intercesión gloriosa de los santos apóstoles N. y N. (de san N., apóstol), os llene de sus bendiciones.
R. Amén.

Quien os ha enriquecido con la palabra y el ejemplo de los apóstoles os conceda su ayuda para que seáis testigos de la verdad ante el mundo.
R. Amén.

Para que así obtengáis la heredad del reino eterno, por la intercesión de los apóstoles, por cuya palabra os mantenéis firmes en la fe.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis. De Apostolis.
Deus, qui vos in apostólicis tríbuit consístere fundaméntis, benedícere vobis dignétur beatórum Apostolórum N. et N. méritis intercedéntibus gloriósis.
R. Amen.
Et apostólicis praesídiis vos pro cunctis fáciat testes veritátis, qui vos eórum munerári documéntis vóluit et exémplis.
R. Amen.
Ut eórum intercessióne ad aetérnae pátriae hereditátem perveníre possítis, per quorum doctrínam fídei firmitátem possidétis.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 29 de octubre

1. En Cartago, san Feliciano, mártir (c. s. III).
2. Conmemoración de san Narciso, obispo de Jerusalén, merecedor de alabanzas por su santidad, paciencia y fe. Acerca de cuándo debía celebrarse la Pascua cristiana, manifestó estar de acuerdo con el papa san Víctor, y que no había otro día que el domingo para celebrar el misterio de la Resurrección de Jesucristo. Descansó en el Señor a la edad de ciento dieciséis años (c. 222).
3. En Vercelli, en la provincia de la Liguria, san Honorato, obispo, que, discípulo de san Eusebio en el monasterio y compañero suyo también en la cárcel, sucedió a su maestro en la sede, enseñando la doctrina verdadera, y a la hora de la muerte mereció dar el viático al obispo san Ambrosio (s. IV/ V).
4. En Sidón, de Fenicia, san Zenobio, presbítero, que durante la durísima persecución bajo el emperador Diocleciano animó a otros al martirio, siendo también él coronado con la muerte (s. IV).
5. En Edessa, de Osrhoene, en Mesopotamia, san Abrahán, anacoreta, cuya vida fue escrita por san Efrén, diácono (366).
6. En el territorio de Vienne, en la Galia, san Teodario, abad, el cual, discípulo de san Cesáreo de Arlés, estableció unas celdas para monjes y fue designado por el obispo como intercesor ante Dios y presbítero penitenciario para todos los habitantes de la ciudad (c. 575).
7*. En Kilmacduagh, de Hibernia (hoy Irlanda), san Colmán, obispo (632).
8*. En Moustiers-en-Fagne, cerca de Cambrai, en Neustria, san Dodón, abad, que, presidiendo el monasterio de Wallers, prefirió retirarse a la vida eremítica (s. VIII).
9*. En Secondigliano, cerca de Nápoles, en la Campania, beato Cayetano Errico, presbítero, que fomentó los retiros espirituales y la devoción a la Eucaristía, para ganar almas para Cristo, fundando también la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (1860).
10. En la ciudad de Girona, en la Hispania Tarraconense, conmemoración de san Narciso, obispo y mártir (s. inc.).